Jorge Valenzuela Estrella y Alán Alberto Molina, dos de los peores ejemplos
Por: Alberto Aldrete Valdez
PTO. PEÑASCO SON.
Hasta hace poco, el ser policía, en México, estaba rodeado de una carga negativa en la imagen colectiva, y si no es peor, es gracias a que existen también elementos del Ejército que han intervenido en muchas acciones positivas en la comunidad.
Ambos son necesarios en la sociedad y se reconoce su función, pero se le niega status, por la práctica social que cada uno ha hecho en todo este tiempo, que ha sido sufrido por más de un ciudadano.
Se puede decir que el policía llegaba ahí por falta de trabajo, por vocación o tradición familiar y también “porque no quiso estudiar y además tenía cuerpo violento”, o también por ser el delincuente mas afamado.
Tanto el ciudadano como las autoridades municipales y estatales están queriendo una profesionalización de los cuerpos de seguridad y que el ciudadano comprueba más allá de los estudios de percepción, un cambio verdadero en ambos.
Hoy se busca que la ciudadanía viva en un clima de armonía y de respeto mutuo, sin embargo, no se logra tener o encontrar salidas y de nueva cuenta los agentes preventivos vuelven a ser noticia negativa en la sociedad.
Un agente abusivo, Jorge Valenzuela Estrella, contra un pobre adicto al alcohol, a quien le provocó severas quemaduras que lo colocaron en situación dolorosa, y otro, Alán Alberto Molina, cuyos golpes que le propinó a un niño de 3 años de edad y lo pusieron al borde de la muerte, son solo dos ejemplos recientes del gorilismo del “Heroico” Cuerpo Policiaco, ya de por si vapuleado por otros señalamientos que la dejan muy mal parada ante la sociedad.
¿Qué se le puede enseñar a un ebrio o trasgresor de las reglas del bando de buen gobierno, si los que deben poner el ejemplo hacen todo lo contrario?.
De alguna manera, esto tiene que iniciar por el principio de representación de la autoridad de los agentes policiacos, dotarlos de dignidad institucional y representar la ley en su faceta de prevención.
Es sabido también, que dentro de los agentes de policía y tránsito municipal, existen elementos que son respetados en su corporación, en su casa y lugar de residencia y aunque son pocos, existen y son ejemplo para quien lo quieran tomar.
Sin embargo hay otros, como los arriba señalados, que dañan más la imagen del policía, y a la corporación misma, que nunca se ha podido librar el ayuntamiento por los diferentes niveles que tiene una expulsión de los agentes, aún teniendo evidencia de los malos comportamientos.
De dichos agentes esta administración municipal tiene varias tareas pendientes que hacer y aplicar, que los jefes han dejado crecer, una de ellas es precisamente el referente a la seguridad pública, donde hay mucho que hacer, donde el agente de policía y tránsito y su triste papel recaudador, a volverse en un policía eficaz y un tránsito efectivo, que para lograrlo, debe iniciar con una voluntad política y un plan compartido por todos los miembros.
Ya en otro escrito, señalo la necesidad de la formación social de los cadetes y futuros agentes de la seguridad para acabar con la distancia que existe entre estos y la ciudadanía en general. El respeto se gana y no se impone por fuerza de las sanciones, se tiene que trabajar el sentido de vocación de los agentes.
Bien haría el ayuntamiento con el despido legal de todos aquellos agentes drogadictos, corruptos, que han hecho de la policía, la “cueva de Alí Baba” y la contratación de agentes con verdadera vocación policial, con un código de ética y reglamento estricto, que marcara la renuncia voluntaria de aquellos que trasgredieran dicho código y establecer canales transparentes de comunicación con la ciudadanía, donde no valga nada que no sea el respeto a la ley, mas allá de un apellido, una relación o cualquier tipo de influencia, que desvían la voluntad y buscar el orden y la paz en una ciudad que busca vivir bajo reglas claras, donde el primero que las respeta, es el que las hace, ostenta y hace cumplir.
Los nuevos agentes deberán estar capacitados para tratar los problemas cotidianos de la seguridad, con verdadera vocación de “ingeniería social”, viendo en cada infractor a un ciudadano a convertir en un ciudadano ejemplar, que buscar la seguridad de los demás ciudadanos, como la de su familia misma, haciéndole ver el peligro que corre la ciudadanía al estar al volante, personas como el detenido y en lugar de pensar en una infracción, que por ley se merece, hacerlo acreedor a una jornada de trabajo social y comunitario en el mismo tenor de su falta.
Como ejemplo hipotético, pensemos en alguien que excedió los limites de velocidad en una zona escolar, la multa la marca el ayuntamiento, pero si también lo pusiéramos dirigir él trafico una semana, en una zona escolar a la hora de entrada y salida; entonces comprendería su falta, en su trabajo, tendría complicaciones y además sabría como hablarle a todos aquellos que hacen lo mismo, como dicen, no es igual “ver los toros desde la barrera, que estarlos toreando”.
Si el cabildo, en lugar de autorizar mas multas, autorizara el trabajo comunitario y bajara las multas, es seguro que para transgredir las reglas de tránsito la iban a pensar mas de una vez y si a esto se autorizara mandar las faltas cometidas sin la presencia de un agente, pero captadas por las cámaras de circuito que existen en la ciudad y todo esto se pudiera constatar en una página ciudadana en Internet, donde todo mundo pudiera constatar lo que se hace en materia, el ciudadano se dará cuenta que la cuestión de la seguridad si va en serio y que el slogan de que nadie por encima de la ley está operando en Puerto Peñasco.
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