Fue durante el sexenio del gobernador Ing. Rodolfo Félix Valdés (1985–1991) cuando se modernizó la carretera federal número 15, ampliándose dicha vía libre de 2 a 4 carriles (sin acotamiento) desde Estación Don, poblado limítrofe con el estado de Sinaloa, hasta la ciudad de Nogales, 691 kilómetros en total; obra por la que posteriormente se le conocería a Félix Valdés como “el gobernador caminero”. Si, el mismo que cuan “tunero” llegó a Sonora recomendado por el ex Presidente de la República, José López Portillo y Pacheco (“el perro de la colina”) y avalado por el Presidente Miguel de la Madrid Hurtado, el presidente de “la renovación moral” e impuesto por éste como candidato al Gobierno de Sonora (un Estado que NO conocía Félix Valdés, a pesar de ser Sonorense por nacimiento, en razón de que desde muy joven fue llevado por sus padres a residir en el DF), llegando al poder en septiembre de 1985 postulado por el Partido Revolucionario Institucional, claro, tras haberse cometido el mayor y más descarado fraude electoral hasta ese momento de la historia de Sonora y en contra de la voluntad de los sonorenses, al no respetarse la voluntad mayoritaria de los votos de los electores que sufragaron en favor del Ing. Adalberto “El Pelón” Rosas López, candidato del PAN al gobierno de Sonora y a quien nunca se le reconocería haber ganado tan polémica elección.
La obra de modernización de la carretera federal 15, “La cuatro carriles”, nombre con el que posteriormente se le rebautizaría, fue costeada tanto con recursos públicos como privados. Una buena parte vino del presupuesto del gobierno federal y estatal, pero la mayor parte fue cubierta por los agricultores, ganaderos, transportistas en general (de personas, fleteros y materialistas), comerciantes, empresarios e industriales sonorenses que vieron con buenos ojos la convocatoria del gobernador Félix Valdés para contribuir “voluntariamente” en la realización de dicha magna obra que seguro repercutiría positivamente en la vida y el desarrollo económico de Sonora, seguida dicha convocatoria del compromiso personal del mandatario de que una vez concluida la obra de modernización, la carretera federal 15 ó “La cuatro carriles” ésta seguiría siendo una vía libre para TODOS LOS SONORENSES. NUNCA RESULTO ASI.
Poco después de la llegada al Poder del Lic. Manlio Fabio Beltrones Rivera, ocurrida en octubre de 1991, considerado éste polémico político por muchos de sus detractores como el gobernador más tenebroso y vengativo que haya tenido Sonora, después del “asesino de sacerdotes”, “La cuatro carriles” dejó de ser una vía libre para TODOS LOS SONORENSES. ASI ES.
El Gobernador Beltrones consiguió que el gobierno federal que encabezaba en ese entonces el “célebre licenciado” Carlos Salinas de Gortari le concesionara a “Los Sonorenses” (en el Poder Público, o sea a él, a Manlio Fabio) la administración de “La cuatro carriles”, dando pie a la construcción de las primeras CASETAS DE COBRO, perdón, de RECAUDACIÕN; una de ellas ubicada en Estación Don y la otra construida a la salida norte de Hermosillo, so PRETEXTO de que era necesario establecer una modesta cuota económica a los usuarios de “la cuatro carriles”, que en su mayoría procedían de otros estados de la república y así, con recursos frescos se aseguraba que el buen mantenimiento de la carretera NO le costara a los Sonorenses. Así, con esas palabras se planteó dicha justificación por el titular del Ejecutivo Estatal a los Diputados del Congreso Sonorense (de mayoría priísta) y éstos dijeron GO AHEAD – ADELANTE, señor “Governator”.
Para cuando las primeras dos CASETAS DE COBRO (PERDÓN otra vez me equivoqué, DE RECAUDACIÓN) iniciaron operaciones, ya había quedado “sin efecto” el compromiso del ex gobernador FELIX VALDEZ: de que la carretera federal 15, “La cuatro carriles”, seguiría siendo LIBRE para TODOS LOS SONORENSES, una vez concluida su modernización. “Muerto el Rey, Viva el Rey” reza el proverbio. Al fin y al cabo FELIX VALDEZ ya no estaba gobernando (¿sería así?) y dado que el compromiso había sido de él para con los Sonorenses que aportaron “voluntariamente” la mayor parte de los recursos para modernizarla, Beltrones pensó que él no tenía obligación alguna a ese respecto. Sin embargo, después de recibir una llamada desde “Los Pinos” y como hombre de “una sola palabra” y a efecto de cumplir con el compromiso que su antecesor había signado con la sociedad Sonorense, de mantener el libre tránsito para TODOS LOS SONORENSES, Beltrones reconsideró su postura e hizo trazar VIAS ALTERNAS a “La Cuatro Carriles”, disponibles para quienes optaran por NO usarla y con ello evitar el tener que pagar las cuotas “de mantenimiento” que se cobraban en las CASETAS DE RECAUDACION recién estrenadas.
VIAS ALTERNAS que se trazaron sobre caminos vecinales peligrosos, desconocidos para muchos conductores (YA QUE LAS RUTAS ALTERNAS NO SE PUBLICITABAN EN ANUNCIOS ESPECTACULARES, MUCHO MENOS SE LES DABA MANTENIMIENTO), tramos de caminos ESTRECHOS y MALOS que resulta contraproducente tomar porque tienen mucho más KILOMETROS y además hay que circular por ellos MUY LENTO, ya que éstos a la fecha cruzan poblaciones rurales, además de la gran cantidad de reductores de velocidad (topes) colocados sobre éstos y la plaga de policías locales que están al acecho de quienes POR NECESIDAD O POR ERROR optan por circular por dichos RUTAS ALTERNAS, entre otras razones que convidaban a propios y extraños a mejor PAGAR LA CUOTA QUE PAGAR AUN MAS CARO; TAL VEZ HASTA CON LA VIDA.
Beltrones, VIVO como lo es, vio en las CASTETAS DE RECAUDACION una excelente oportunidad de negocio. Una inigualable oportunidad de hacerse de recursos frescos e ilimitados para financiar su proyecto político personal y lo que se le ocurriera, eso si, sin considerar el GARANTIZAR LA SEGURIDAD de los usuarios, mediante EL BUEN MANTENIMIENTO para la CONSERVACION OPTIMA de “La cuatro carriles”, “PRETEXTO” por el que se supone se autorizaron y construyeron las CASETAS DE PEAJE, las que pronto quedaron convertidas en la CAJA CHICA del Gobernador de Sonora. Beltrones se fue paso por paso. Primero fijó cuotas módicas para que el usuario no se ASUSTARA, las que poco a poco fue incrementando hasta el grado de convertirse éstas en HONEROSAS, como están en la actualidad. Inicialmente, cuando el usuario pagaba la cuota de peaje (ó ¿de pillaje?) correspondiente, al cruzar cualquiera de las dos CASETAS recién puestas en operación, a su regreso por esa misma NO PAGABA de nuevo si cruzaba dentro de las 24 horas siguientes al momento de haber hecho el primer pago. La “PROMOCION” duró muy poco, lo cual causó las primeras molestias y protestas de los automovilistas Sonorenses; había que idear algo más para que los USUARIOS de “La cuatro carriles” NO RENEGARAN por el cobro a que estaban siendo sujetos, porque incluso NUESTROS SACRIFICADOS REPRESENTANTES POPULARES fueron unos de los primeros que empezaron a protestar, ya que también tenían que pagar de su “modesta dieta” dichas cuotas, si, como no.
Beltrones encontró una “FACIL SOLUCION” al problema de desembolso de nuestros representantes: Para callar su inconformidad les dio un “SALVOCONDUCTO”; a TODOS y cada uno de los Diputados locales les entregó una Tarjeta que presentaban al cruzar las CASETAS DE PEAJE y una vez pasada ésta por un lector electrónico, automáticamente los exentaba de tener que hacer cualquier pago y TUTI CONTENTI.
En aquel entonces también ideó los sorteos de autos nuevos, en los que participaban y se premiaba a los “USUARIOS CUMPLIDOS” cuyo número de talón o comprobante de pago resultare afortunado, talón o comprobante que se les entregaba contra el pago de la cuota correspondiente. Cubriendo la cuota de pillaje, perdón, de peaje, el usuario de “La Cuatro” gozaba de un seguro de automovilista que lo “protegía” por los daños que pudieran sufrir los cristales y el auto que conducía y también de la atención de las lesiones que pudiera sufrir el conductor y sus acompañantes, en la eventualidad de un accidente que pudiera ocurrir precisamente dentro del tramo carretero de “la cuatro” (nombre que finalmente se le quedo a la carretera 15) por el que circulaban, entre otros “motivadores” que se implementaron para mantener el termómetro ciudadano bajo control.
Fin de la primera parte.
Por su lectura, gracias.
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