Uno de los principales valores que caracterizan a la mayoría de los socorristas de Cruz Roja es el sacrificio

Por: Alberto Aldrete Valdez
PTO. PEÑASCO SON.

Son valientes, siempre alerta a cualquier contingencia y arriesgan sus propias vidas para ayudar a las personas que necesitan de los servicios y que están en situaciones críticas, es por eso que se han ganado el respeto de la ciudadanía en general: son los socorristas de la Cruz Roja Mexicana, delegación Puerto Peñasco.
Los socorristas en verdad merecen ser reconocidos, pues su labor es loable, desinteresada y muchas veces arriesgada, pero su mayor satisfacción es saber que pueden salvar vidas.
Esto lo hacen por voluntad propia, por intuición y ganas de servir, para realizar la labor de ellos solamente se necesita tener vocación de servicio, pues en esta profesión se entrega mucho, sin recibir algo a cambio, más que los rostros felices de las personas ayudadas.
Siempre están dispuestos a brindar el apoyo al necesitado, alerta a cualquier llamado donde se les solicite.
En la actualidad Cruz Roja de Peñasco cuenta con 57 socorristas, un comandante encargado, un jefe médico y un subdirector médico, son 22 choferes oficiales, cuentan con 6 unidades, aunque dos fuera de servicio, y su servicio es inagotable.
Ellos han pasado por un sinfín de situaciones, unas delicadas, embarazosas, peligrosas y arriesgadas, pero todo eso lo hacen con tal de salvar la vida de las personas que requieren de sus servicios.
Día a día los voluntarios de Cruz Roja acuden a salvar vidas a pesar de las inclemencias del clima sirviendo las 24 horas, los 365 días del año a bordo de las ambulancias.
Diariamente se ven presurosas por las calles, con el llanto de sus sirenas rojas, abriéndose paso entre los automóviles y las personas que observan con un dejo de morbo o curiosidad por saber del desafortunado personaje que será recogido en algún domicilio o calle de la ciudad.
Una cruz roja le resalta sobre la superficie blanca, como un signo de emergencia, de sangre, que la colorea para solicitar a su paso, ser vista, comprendida por la ola de conductores que se desplazan por las avenidas y bulevares de la ciudad.

Crónica de un servicio

A las 10:34 horas suena el teléfono a la vez que el jefe de socorristas en guardia Ramón Acosta Estudillo da la orden de salida, en la ambulancia se sube Leticia Villa Molina, el propio Acosta y un elemento mas, están dispuestos a emprender el viaje rumbo algún lugar desconocido, seguramente esperando con urgencia por ella.
El chofer, con pantalón azul marino, camisa azul con rojo, con prendedores en las solapas que lo identifican, se sube rápidamente acompañado de un socorrista en la cabina de la unidad, mientras una joven voluntaria, de uniforme también se prepara para lo inesperado.
Un espacio angosto, apenas caben las personas inclinadas, a la izquierda una camilla con sus cinturones de seguridad revestidas con sábanas blancas, a su lado el equipo de oxígeno, a la cabecera un pequeño asiento para una persona, arriba un tubo con varios tallarines pendiendo al ritmo del movimiento y de las sacudidas.
Justo a la derecha, al fondo se localiza un pequeño lugar para colocar seguramente pertenencias y equipo o tal vez pertencias personales de algún huésped eventual, quizá hasta de los mismos integrantes del cuerpo de “salvavidas”.
La unidad se da a la tarea de cumplir con la labor asignada, sale de la base y toma el bulevar Fremont, “vamos a la Playa Bonita, al parecer uno de una cuatrimoto tuvo un accidente, lo reportan con dos fracturas”, menciona Leticia Villa, mientras corre a subirse a la unidad, sus manos se aferren fuertemente al asiento.
El camino es largo, la sirena “llora”, ante sus quejidos los conductores voltean sumergidos en el estresante menester de pisar el acelerador y poner en práctica una buena estrategia para ir al frente de los demás, mientras que la ambulancia logra meterse en medio del tránsito para llegar a tiempo a su destino.
En una parada de camiones unas niñas voltean, sus miradas de curiosidad penetran hasta el interior de la parte trasera de la unidad, siguiéndola hasta que se pierde entre la mancha de los automóviles.
Un frenón repentino sacude con fuerza, al parecer un conductor se atraviesa al paso, robándole algunos segundos a la carrera por la vida, la que se lucha por ganar, de la cual el premio mayor es llegar a tiempo.
La travesía continúa al dar vuelta a la calle 13, para enseguida internarse por una avenida de terracería; el chofer no pierde la vista del lado izquierdo, del espejo, mientras que solares baldíos son cruzados opacados por el polvo que levantan las llantas a su paso.
El chofer vira una y otra vez, cruza calles, se encuentra a la vista unos hombres parados frente a una pequeña loma de arena, apuntan con la mano hacia el lugar en donde se encuentra el accidentado, a quien primero atienden, examinan, estabilizan y lo suben a la ambulancia para ser llevado al hospital.
Una queja generalizada de los socorristas es la batalla que sostienen con el hospital, tanto del Seguro Social como el Básico del Estado, en donde no les quieren recibir a los pacientes y hasta se ponen de mal humor, pero como dice Leticia Villa, ¿a dónde más los vamos a llevar sino es al hospital?, ya que llevarlos a clínicas particulares es exponerse a recibir reclamos de los familiares, que se quejan por las cuentas que se generan por la atención médica.
Señalan que consideran injusto el trato que reciben los socorristas en los hospitales, ya que el enojo de médicos y enfermeras hacia ellos porque llegan con un paciente es muy evidente.
La rutina es la misma, cada vez que suena el teléfono que indica una llamada de emergencia todos salen corriendo a abordar la ambulancia, no saben que van a encontrar, pero eso sí, van emocionados porque saben que una vez mas será puesta en acción su deseo de servir y ser útil al prójimo.

Un consejo directivo con interrogantes

Hoy, el Consejo Directivo cuenta con presidente, Antonio Mendivil, quien en su toma de protesta se comprometió a trabajar en conjunto con el cuerpo de socorristas para hacer de Cruz Roja toda una institución de renombre, sin embargo no ha podido o no querido cumplir, ya que las carencias se siguen presentando, además de que el resto del consejo directivo al parecer lo componen fantasmas, pues nadie de los socorristas saben quienes son.
Actualmente para cumplir eficazmente con los llamados de auxilio hace falta que cuando menos se pongan en servicio las dos ambulancias que están descompuestas.
Estas son algunas de las personas que participaron alguna vez como socorristas para ayudar a quien necesitó de la Cruz Roja, como un humilde homenaje a ellos, Miguel Angel Tánori Cruz, Felizardo Martínez Urrea, Antonio Lozano, Idelfonso Verdugo Villegas, Leonardo Jaime Blanco, Gustavo Gómez Pulido, los hermanos Rogelio y Lindorfe Villalobos, Martha Celaya Valenciana, Jorge Gómez, Luis Castro Careaga, David Medina, Pedro Palacios Arce, Milton Félix Reyes, Rubén Barajas Galindo, Ramón López Chacón, Francisco Celaya Valenciana, Andrés Ríos Delgado, Yadira Hernández Yocupicio, Leticia Villa Molina, Francisco Javier Tapia, Ramón Amao, Fernando Medina, Armando Barajas, y muchos nombres mas que en este momento escapan a mi memoria.
Cada 24 de Junio, fecha en que se conmemora el Día del Socorristas, éstos son festejados y a veces reconocidos por la comunidad, sin embargo casi siempre pasa desapercibido ese día para el 99% de la población, pese a que si sumamos el número de personas que han sido salvadas por la Cruz Roja, ese cifra sería mucho menor, porque, hemos de reconocerlo, ni aun cuando nos ha servido alguna vez, nos acordamos de ella mientras no la volvamos a necesitar, y vaya que en cualquier emergencia lo primero que se nos ocurre es llamar a la Cruz Roja.

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