Por: Iván Bravo López
PTO. PEÑASCO, SON
“Me diagnosticaron cáncer, un cáncer desconocido del tamaño de una sandía, mi fé con Dios y las alabanzas me sanaron, a tal grado que en un año este cáncer desapareció y el Doctor me llamó “el milagro viviente”.

Así comienza su historia el conocido y reconocido bolero rocaportense más conocido como el “Chino Bolero”, quién por más de 20 años ha dado lustre a miles de zapatos de locales y extranjeros, y quien por cosas del destino y el azar de la vida, se convirtió en el portavoz de un milagro real y vencedor de uno de los males mas mortales del mundo: el cáncer.
Con poco cabello en su cabeza pero con una gran sonrisa de oreja a oreja en su rostro por seguir con vida y poder contar su historia, José Luís “el Chino” Torres narra tranquilo su vida y saluda a sus amigos que pasan por enfrente de su “bolería”, ubicada en la placita Lázaro Cárdenas.
“La verdad no recuerdo quien me puso “chino”, yo desde que tengo memoria me dicen así, tal vez fue en la escuela primaria o en mi casa, la verdad no tengo ni idea, pero así se me quedó por mas de 40 años (risas), hay algunos que me llaman por mi nombre José Luís, pero eso si es muy raro, hago mas caso cuando me dicen chino”, repela.
Los primeros años de su vida el “Chino Bolero” se la pasó como cualquier ciudadano de esa edad, “muy a gusto” y relax, pues los tiempos se aprestaban y se dedicaba al estudio, una pasión que no pudo finiquitar por falta de recursos económicos.
“Cuando terminé la preparatoria quería estudiar Náutica, pero la escuela más cercana estaba en aquel entonces en Ciudad Madero, Tampico, pero tenía un palancón, era el Capitán de Puerto aquí en aquel entonces, el Capitán Heriberto Santos Salinas y me dijo “Chino, ve a hacer el examen, si lo pasas te quedas y si no ya te la sabes, yo te echo la mano para que te quedes a estudiar”, pero no tenía los recursos para el viaje, además pedían muchas cosas, como camisetas de cierto estilo, calcetines especiales, y lo mas importante dinero para sostener el estudio y mis alimentos, no pude realmente irme, y como dicen, zapatero a tus zapatos, pero en vez de zapatero soy bolero”, reflexiona con un positivismo envidiable.
El chino bolero comenzó su aventura en esta profesión comprando el cajón y las herramientas necesarias a un maestro del Cetmar, el profesor Alfredo Zarrabal, quien le dijo que esta profesión era buena y sabiéndola trabajar si daba recursos, y el chino se animó con un dinerito que tenía guardado de un viaje de estudios que hizo en un barco camaronero y al terminar el viaje del barco, el capitán le dio un porcentaje y así el Chino pudo comprar lo que ahora es el sustento económico para que su familia se alimente y sus hijos vayan a la escuela.
El paréntesis y el milagro de su vida fue hace poco mas de un año, cuando acudió al médico y este le diagnosticó cáncer en el páncreas, lo cual el Chino Bolero lo tomó con calma y con mucha fé, y cada vez que acudía al médico estos le cambiaban el diagnóstico de cáncer y después de tomografías y diversos estudios realizados, le dijeron que padecía un cáncer desconocido, por que no le pudieron decir exactamente que tipo de cáncer padecía, lo cual fue una incertidumbre para el Chino, pero gracias a la religión que profesa, sus hermanos y hermanas le ayudaron a canalizar esa energía, con alabanzas y rezos.
UN GIRO INESPERADO DE LA VIDA, EL MILAGRO
“Mi esposa y mis hijos me ayudaron moralmente con mi enfermedad, ellos son los que realmente me ayudaron a no perder la fé en Dios”, dice con la mirada fija hacia el cielo.
El año pasado -narra el Chino Bolero- que se internaba en el hospital a cada rato, en una ocasión recuerda que estuvo en cama 22 días y esto le desesperaba, por que él siempre ha trabajado, pero que poco a poco el doctor inexplicablemente le decía que el tumor se iba reduciendo.
“Constantemente me hacían estudios, tomografías, quimioterapias, eso fue el año pasado en el mes de Octubre y ahí fue cuando me dijeron que mi tumor era del tamaño de una sandía, tal y como las que venden en el Walt Mart, para el mes de Enero el tamaño se redujo considerablemente, para abril el tumor casi había desaparecido, el doctor estaba sacado de onda, me decía “Chino” no se como se ha reducido el tumor, ya casi desaparece”, y yo le contestaba, yo si se como va desapareciendo, Dios me esta aliviando, mis rezos y mi fé con él dieron resultado, y ahora ya me dieron de alta, mi medicina y ya estoy chambeando muy a gusto con otra cara en la vida, nos dice un tanto nostálgico.
Ahora José Luís Torres Gutiérrez, “el Chino Bolero, es un portavoz de que los milagros si existen y afrontados con el apoyo familiar dan resultado, además de la ciencia y tecnología que también ayudan, pero sobre todo es ser elegido del Señor, dice el Chino, soy portavoz de la enfermedad y también un milagro de él, por él me sané y sigo con vida en compañía de mis amigos y familia, y a trabajar para seguir adelante, (sonríe).
“Por aquí andaré trabajando, quiero agradecer a todos quienes me apoyaron en mi enfermedad, a mis clientes que cuando estaba enfermo me procuraron y se preocuparon, a mis amigos que nunca me abandonaron, y a mis hijos y mi esposa, quienes las 24 horas nunca me descuidaron y me dieron todo su apoyo y su tiempo, de verdad gracias, y a Dios quien me eligió para seguir con vida, por desaparecer el cáncer de mi vida, estoy muy agradecido con él, mi fé creció y jamás voy a dudar de ella”, remarca.
El Chino Bolero seguirá en la Plaza Lázaro Cárdenas donde por más de 20 años ha visto pasar generaciones, siempre ha dado lustre a ellas, padres, hijos y nietos, y ahora con su nueva enseñanza de la vida pintará la mejor cara a sus zapatos.
En él cabe lo que no cualquiera puede jactarse: Casi nadie se salva del cáncer, el Chino Bolero sí.
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