Por: Héctor Aldrete Germán
Que yo recuerde, nunca me había tocado ver tanto amor por una escuela por parte de sus alumnos, y mas en situaciones donde aunque estos se ven afectados, no tienen responsabilidades a nivel académicos sino que su apoyo es más bien moral, todo esto como mejor ejemplo el pasado conflicto del Cobach.
En este intento de baja de moral en la educación de Puerto Peñasco, quienes cursan sus estudios en el plantel antes mencionado demostraron grandemente que ya la escuela no es un lugar odiado a donde se tiene que ir, sino que se quiere ir, incluso en conflictos de directivos su presencia será en primera línea, llegando a las ultimas circunstancias, como el caso de muchos que hasta llegaron a acampar en el terreno siempre con la mirada al cerco en espera del enemigo de la educación, de su escuela, del terreno que tiene un significado de crecimiento, que si se reduce, reduce el camino de la educación, destruye el sueño del estudiante, lo hace ver que la educación también se vende, pero que en este caso no fue así.
El escuchar gritar a los alumnos frases como “queremos la escuela” o “la escuela es nuestra”, me hizo ver que las generaciones han ido valorando mas su segunda casa, que ya los conflictos que afecten a la escuela en verdad afectan al alumnado, que estos ya no acuden a echar grilla nomás porque si, para hacer bola o estar de mitoteros, sino que en verdad se comprometen con la causa, durmieron, vigilaron, convivieron y en verdad estuvieron al pie del cañón hasta el momento clave, en el cual se dejaron ver como guerreros de su escuela, que ni un empresario con poderes legales pudo aminorar ni aplastar tan fácilmente.
Fue gratificante y hasta emotivo saber que los estudiantes de un nivel como la preparatoria ya no son niños, su modo de pensar da para más y las causas que se pelean en pro de su educación ya tienen un interés primario, tan así que, incluso cuando este conflicto se desato en fin de semana, gran cantidad de alumnos decidió luchar por su causa y quedarse los días que fueran necesarios por no perder parte de su escuela, olvidaron que su fin de semana seria de salir y pistear y por un momento dejar las cosas de la rutina de fin se semana para ponerse serios y no dejar que el poder jugara con la educación, la cual aunque rebelde, fue educación de libertad.

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