Por: Moisés Salcido
Corría el año de mil novecientos cuarenta y cuatro, el mundo se encontraba en lo más duro de la SEGUNDA GUERRA MUNDIAL. Por esas fechas ya la opinión mundial había cambiado a favor de los aliados. El eje Alemania, Italia y Japón empezaban a retroceder ante el avance de los aliados en todos los frentes de guerra.
En la Heroica Caborca, en esas fechas en las que el belicismo, la violencia y el reto estaban al orden del día, “Genaro”, un gallo joven de la casa de don Manuel Salcido, batiéndose a buena lid había logrado vencer y subyugar a sus contrincantes y con esto pasó a ser el rey y el favorito en el corazón de todas las pollitas y gallinas de aquel gallinero.
Una vez que el rey “Genaro” se sintió firme en el control de su dominio, dirigió la mirada más allá tratando de ver quien era el rey más cercano. Su reino era amurallado por todos lados, en sus dominios no había gallo que se le pusiera al brinco, pero, especialmente por las madrugadas escuchaba a otros gallos cantar fuerte más allá de sus frontera. Al no encontrar retador cerca se puso a observar el mundo en el que vivía; no tardó en encontrar que dentro de aquel mismo dominio, había otro rey.
Aquel rey era de diferente género, “SI” pero rey al fin. “Rey Genaro” por unos días lo anduvo observando, y no tardó en encontrarle el lado flaco. El otro monarca, aunque todos los demás gallos y pollos de su género lo respetaban y obedecían, al parecer no tenía su buen hato de hembras, como las tenía él, y por allí se le subió el ser superior.
Una tarde que don Manuel salió de la tienda rumbo a la casa a tomar sus sagrados alimentos, “Rey Genaro” al verlo corrió y de un volido se trepó sobre la cerca del jardín. Al verlo pasar frente a él, le cantó un tiro, de “Rey a Rey”. -¡Kikiriki, kikiriki, kikiriki, kikiriki, kikiriki, kikiriki!
Don Manuel aunque lo vio, no le puso atención por ir absorto en sus pensamientos. Al día siguiente ya “Rey Genaro” lo estaba esperando para cantarle otro tiro. -¡Kikiriki, kikiriki, kikiriki, kikiriki kikiriki! Pasó su contrincante sin darle importancia.
Pasaron los días y aquella escena se volvió costumbre, fueron algunos miembros de del otro reino los que vieron al gallo correr a treparse a la cerca a cantar.
Un día, al ir don Manuel acercándose al jardín, vio al gallo venir apurado a treparse sobre la cerca. Al ver esto, y recordando que ya este mismo gallo estaba tomando como costumbre cantarle cada vez que pasaba, fijo la vista en él y al momento comprendió su actitud y entendió su lenguaje.
-¡Kikirikli,kikiriki, kikiriki, -¡YO SOY EL MÁS GALLO AQUÍ! -¡YO SOY EL MÁS GALLO AQUÍ!
-¡P…ERO MIRA QUE GALLO INDECENTE! Dijo don Manuel, al tiempo que levantaba un trozo de ladrillo del suelo y abriéndose lo tumbó de un ladrillazo.
Al ir pasando frente a la cocina le dijo al cocinero, allí en el jardín esta un gallo agonizando, cocínamelo.
El reto fue de REY A REY, y REY, solo puede haber uno por REINO.
Aquella noche, en la casa de don Manuel Salcido, se cenaron a un rey caído.
“Cuentan que estuvo muy sabroso”
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