Por: Moisés Salcido B.

En este mundo matraca todos los excesos son malos, hasta el oxigeno que es esencial para la vida de todas las especies y que ocupa el 21% de la atmósfera, según los científicos, si la mezcla tan solo fuera cuatro por ciento más alta, o sea el 25%; arderían los bosques.
En nuestros días y desde hace ya algún tiempo los políticos han estado impulsando leyes y regulaciones que son a todas luces excesivas y poco convincentes de que cumplan con las expectativas para lo que fueron creadas. Estas leyes sobre el tabaquismo, la eutanasia, el aborto y los derechos de los homosexuales, son iniciativas del Congreso de los Estados Unidos. Para eso si son muy buenos nuestros legisladores, para ver que le copian a los gringos.
Un ejemplo de estas leyes es el impuesto exagerado que le han agregado al tabaco, en los Estados Unidos una cajetilla cuesta aproximadamente siete dólares. Si mal no recuerdo a los cigarros les empezaron a subir el impuesto siguiendo las quejas e indicaciones de personas abstemias que suplicaban que le subieran el impuesto para que los consumidores dejaran de fumar. Recuerdo que prometía emplear estos impuestos recabados para curar a los enfermos a causa del tabaquismo; lo cual resultó ser una falacia, el impuesto al tabaco ha seguido subiendo como a ningún otro producto y ahora resulta de que no son tantos los enfermos por el tabaquismo y que los impuestos con los que está siendo castigados los fumadores, los emplean para otros proyectos que no tienen nada que ver con este problema de salud.
La realidad es que los fumadores siguen fumando, a sabiendas de que estos apóstoles de la salud, cada vez se llevan una parte más grande de su presupuesto familiar; en estos momentos apenas se puede creer que una cajetilla de cigarros se lleve casi la mitad de un salario mínimo aquí en México. Cosa curiosa, estos mismos partidarios de que desaparezca el consumo del tabaco en el ser humano, están abiertamente a favor de que se legalice el consumo de la marihuana, con lo cual aseguran; se abatiría el precio y acabaría en narcotráfico y todo el crimen que este genera.
El tabaquismo nació para el resto del mundo, con la conquista del nuevo mundo, los aborígenes de este continente por miles de años lo habían consumido. Fue un vicio muy atinado para la humanidad. Como se antoja un cigarrito después de la comida, o de hacer el amor. Se imaginan lo enfadoso que resultaba hacer una travesía por mar de tres o cuatro meses. Fumando espero a la dama que yo quiero, dice la letra de una canción. “Me traen cigarros raza” ruegan los prisioneros.
Como sabemos todo en exceso es malo, también lo es el alcohol, el pulque, los fermentados de frutas, las drogas, trabajar de más, la hueva y hasta el sexo en demasía es malo. La realidad sobre las adicciones es que genéticamente los seres humanos ya venimos programados. Yo la primera borrachera, me la puse a los cinco años, en la boda de un tío, y jamás me he considerado ser alcohólico; de haber nacido programado a ser alcohólico, desde aquel momento hubiera caído en el vicio. Lo mismo es el tabaco.
Estos individuos que se han propuesto desterrar el tabaquismo, deberían de pensar, que no todos los que fuman se enferman a causa del vicio, como también es cierto que muchos individuos jamás se sienten atraídos por la nicotina. En la vida he conocido a infinidad de hombres y mujeres que en sus años mozos fumaron y que dejaron el vicio puesto que les dejo de gustar, o lo dejaron por la mala fama que conlleva el fumar; en cambio he conocido a otros que a sabiendas de lo malo que es para su salud lo siguen consumiendo hasta la muerte. Dijo el escritor Mark Twain -¿Que no puedo vencer el vicio del cigarro? ¡Lo he vencido mil veces!
Me comentaba un amigo: -Hombre no es el que mata a un semejante, ni el que se pelea con cuatro; hombre es el que logra vencer el vicio del tabaco. Así es cuando se aferra, allí se pone a prueba la fuerza de voluntad y el temple de los individuos.
Los apóstoles en contra del tabaquismo, al no lograr sus objetivos, pidieron a los legisladores que se le aumentara aun más el impuesto y además exigieron ordenamientos para que los fumadores se fueran lejos con su vicio, esto trajo un castigo para casi todas las empresas, los restaurantes, los bares y cantinas. Me comentaba mi amigo Mo: -Yo jamás he fumado, pero cada vez que voy a la cantina, por tal de no tomar solo en la barra refrigerada, me salgo a la intemperie, a donde están los fumadores. -A platicar con los amigos, es a lo que voy a las cantinas. -me dijo-.
Es cierto que el tabaquismo produce muchas enfermedades y muertes, y que hay gente que quisiera que este vicio se acabara en el mundo. Cosa que jamás van a lograr. Pienso que es más efectivo dejar de fumar por indicaciones médicas, que castigando a los consumidores como si fueran niños que no saben lo que hacen. Esto de imponer leyes e impuestos sobre unos cuantos es una facultad que se adjudican los seguidores de las corrientes izquierdistoides. Una cosa es exigirle a un fumador que se retire a fumar lejos, o que se trague toso el humo, y otra muy diferente es exigir que lo castiguen cada vez con penas más severas tratando de quitarle su muy particular gusto. El alcoholismo también mata, y mucho más rápido. Porque razón no le aumentan los impuestos al licor aquí en México. Tal vez sea por que no ven nuestros legisladores, que los gringos lo hagan primero.
En este momento a un jornalero le cuesta media jornada comprar una cajetilla de cigarros, de continuar el gobierno abusando con los impuestos a los cigarros, lo único que va a lograr es que nazca el contrabando ilegal de tabaco. O que la gente empiece a sembrar tabaco en sus jardines, lo cual no es ilegal, total que ya en las tiendas se vende todo lo necesario para forjar cigarros.
Una nueva modalidad que se esta viendo en la actualidad, es que los pediches profesionales piden también cigarros.
Me cuenta mi padre que cuando el era un chamaco, mi abuelo importaba tabaco desde Nayarit, allí en su casa lo molían en un molino y después lo rociaba con una pócima que el mismo cocinaba. Por aquellas fechas el tabaco que su padre vendía, era el mejor de la región. Cuenta mi padre que cerca de medio día, escuchaba gritar a una vecina:
-Eleniiiiito, Eleniiiiiiito, anda a ver si puso la gallina pochi, quítale el huevo y ve y traerme cinco de tabaco a la tienda de Salcido. Con que gusto torcía y se fumaba sus machuchos la mamá de Elenito Aguayo.
Por allá en los años setenta aquí de este lado, algunas gentes le sugirieron al los legisladores prohibir la venta, siembra y consumo del tabaco.
La respuesta del gobierno Federal fue:
-Gracias al tabaco la gente mayor vive menos, de lo contrario, no alcanzaría el dinero del seguro social para mantener a tanto vampiro viejo que estuviera chupando los ahorros de las nuevas generaciones, puesto que todo lo que un individuo en su vida útil paga de impuestos al seguro social, se los consume en los primeros cinco años de su retiro.
Mi padre dice que empezó a fumar a los siete años, ya tiene ochenta y siete años fumando, si fuera tan malo el tabaco como aseguran, ya hace rato que fuera un triste recuerdo. En la actualidad le puede faltar lo que sea, menos sus cigarros.
Algo que urge, es que los gobiernos obliguen a las compañías cigarreras a que publiquen la lista de ingredientes con las que curan el tabaco, con lo cual es probable estén cautivando aun más rápido los consumidores. Recuerdo que en mis años mozos cuando la mayoría de los adultos fumaban, sus casas y autos, jamás apestaron tan horrible como apestan hoy en día. Yo siempre he sospechado que al tabaco le ponen algún químico para enviciar más pronto a los nuevos consumidores, al parecer las compañías se oponen a revelarle al gobierno, el tratamiento que le dan al tabaco.
Desde que la izquierda mundial se auto nombro protectora de la salud de los pueblos, se la llevan peleando por imponer sus ideas, sobre la voluntad de la ciudadanía.
-¡Yo así la veo, como la vez trux?

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