Por: Alberto Aldrete Valdez
Tal y como sucede cada fin de año, el espíritu nos invade de pies a cabeza y nos olvidamos de las afrentas y nos llenamos de puras buenas intenciones.
Cuando se llega la fecha, el 31 de diciembre, algunas personas acostumbran seguir el ritual de las 12 uvas, las mujeres se ensamblan sus calzones rojos, quesque porque son de buena suerte, y casi todos nos hacemos planes y propósitos que no siempre estamos dispuestos a cumplir.
Unos prometen dejar de beber, aunque sea entre semana, otros se proponen dejar el vicio del cigarro, (como Juan Navarro) aunque agarren el de la marigüana, y así por el estilo.
Los que tienen cargo de conciencia se prometen a si mismo ser mejores personas, padres, hermanos o hijos; los comerciantes a robarle menos a sus clientes, los deportistas a alcanzar sus metas, los emprendedores a realizar sus proyectos, los empleados a ser mas trabajadores y honrados, los políticos a tratar mejor a los periodistas, y así se van.
Algunos novios hacen el propósito de casarse, aunque a los seis meses estén divorciándose; los que están casados se hacen a la idea y le buscan el lado amable a esa difícil y azarosa convivencia; los que son gays se quieren hacer hombres (ni que fuera gripa) y los que están contentos con su preferencia sexual le buscarán por otro lado para quitarse de dudas. Los que no tienen con quien, se deciden a buscarse su “media naranja” (o medio limón) y es posible que hasta la naranja entera (o sea dos); mientras que otros ya con levantarse mas temprano y no decir malas palabras sienten que ya están haciendo lo suficiente.
Mucha gente se propone adelgazar, y no solo para verse muy bien y sentirse a gusto, sino principalmente por cuestiones de salud, aunque a las primeras de cambio se dan su escapada a las carnitas de puerco o tacos del Abel, al cabo que las anoréxicas ya no están de moda y en tiempo frío son mejores las gorditas porque sirven hasta de cobija.
No menos personas se hacen el propósito de perdonar, de volverle a hablar a aquel amigo o pariente del que se distanciaron por mitotes irrelevantes, o con el vecino con el que pelearon por culpa del perro o porque le robaron algunas prendas del tendedero.
El problema es que, por lo general, estos propósitos se hacen en el pensamiento de cada persona, no los andan divulgando y menos si son asuntos íntimos, así es que si no los cumplen nadie se habrá dado cuenta, y si acaso los anuncian enfrente de alguien mas, muy espichaditos con las manos en la espalda hacen “changuitos” por si las moscas se lo recuerdan.
Con la llegada del año nuevo se cumple un ciclo, un círculo que se cierra para abrir otro, y es momento de hacer un repaso de lo que hicimos o dejamos de hacer, de reflexionar sobre nuestros aciertos y errores para saber si no fue tiempo desperdiciado, echado a la basura.
Claro que a todos nos gustaría ser mejores personas, tener ya no se diga mucho dinero, pero si de perdis una feriecita para salir al paso con los gastos y que quede algo para los chuchulucos, para llevar a la novia o esposa a los tacos del Sabás, pero no siempre querer es poder.
Aparte de tener salud, de manera personal y en la familia, entre los primeros deseos está el que nuestra amada ciudad se aliviane en términos económicos, porque si se mejora la economía, si hay empleos, aunque sea de mandadero, todos salimos beneficiados.
Ojala que el Señor y todos sus santos (incluido Santa Cachucha y San Pascual Bailón) iluminen a nuestras autoridades municipales que encabeza el joven Agustín Quiroz para que tomen las decisiones correctas, que administre el municipio no como un abarrotes, sino que atienda a todos por igual, olvidándose de rencores y malos entendidos.
Que los comerciantes y los políticos, los policías y narcotraficantes, adivinos, charlatanes, prostitutas, estudiantes y changarreros, periodistas incluidos, encontremos un punto de equilibrio, que respetemos nuestras diferencias y aprendamos a convivir como lo que somos, gente civilizada.
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