Por: Iván Bravo
PTO. PEÑASCO, SON
Nombrado patrimonio de la Reserva Natural y una de las trece maravillas naturales de México, El Pinacate es único ecosistema de su tipo en el mundo, el cual alberga más de 600 cráteres volcánicos y bellos paisajes naturales.
Ubicada la estación biológica a 51 km de la carretea Sonoyta-Puerto Peñasco, en el Ejido Norteños, inicia la gran aventura volcánica que turistas de nivel mundial visitan día a día.
En está ocasión nos aventuramos al Cono Rojo, área para acampar a 22 kilómetros de la Estación Biológica y camino accidentado por su formación desierto-volcánica, rodeado por cerros de magna, punto tradicional de expedicionistas y turistas regionales y mundiales.
Noche a cuarto menguante, cielo despejado y estrellado, se lograban observar los satélites recorriendo la atmosfera terrestre, vista inolvidable para aventureros y apasionados de la naturaleza.
Libre de ruidos citadinos, noche de tranquilidad y sonidos extraños de animales salvajes que nos observan por las llamas de la fogata, 11 viajeros listos para grandes emociones esperan ansiosos por los primeros rayos del sol de la madrugada para internarnos en la magma volcánica y suelos accidentados en busca de las tinajas agua, mejor conocida por los Cucupe ó Gente del río.
Una noche bohemia y familiar, relatos y cuentos salen de nuestras bocas, pendientes por comentarios desconocidos de OVNI´s, o marcianos, asustados pero callados sin saber por qué, pues todos desconocemos encuentros cercanos del tercer planeta, y por falta de canas y aventuras que nos hicieran acelerar el corazón.

Mejor nos enfocamos a comentarios amenos, de risas, pues los niños ya asustados, mejor corrieron al seno materno y ahí encontrar refugio, pues aunque lo neguemos, a nosotros los adultos también nos da temor, solo el palpitar del corazón nos delata.
Ronquidos dentro de las casas de campaña y del vehículo todo terreno se escuchaban en el anochecer, preparo el sleeping bag dentro del metro cuadrado de mi casa de acampar, incómodo pero seguro de la brisa que cae en el Cono Rojo.
Los ruidos de los niños me levantan, veo que es de mañana, el olor a café viaja en el ambiente, es hora de levantarse a desayunar y buscar las tinajas de agua, al suroeste del Cono Rojo.
Es una mañana que pocos tenemos la suerte de tener, pues el clima es nublado y con frío, para que minutos después empezara a lloviznar, lo que no nos arruina nuestros sagrados alimentos matutinos, pues ya los burritos “paseados” están listos para ser colocados en la parrilla de la fogata.
Mueve y mueve la muela estuvieron Beto y Diego, tomando fuerza para un recorrido de poco más de 20 minutos, el cual se convirtió en desafió de más de una hora y media, pues jamás dimos con las tinajas de agua.
El cocinero era yo, pero apresuraba el paso para no perder tiempo y comerme los burros de machaca y una torta sin jamón, preparada por las manos benditas de Gaby, Karla y su hija Alexa, también perdimos el jamón, el presupuesto no daba para más.
Abraham y Adolfo brincaban como cabras de un lado a otro, esperando el banderazo de salida para dirigirnos a nuestra expedición mañanera, pero oh decepción que se iban a llevar, pues regresaron sin conocer lo que el guía de segunda les prometió.
Emilio enojado golpea con su cabeza y rodilla el suelo volcánico, un tropezón lo hizo caer, pero cuán valiente es, se levantó con una hinchazón en su pómulo izquierdo, listo para continuar esta aventura que califico con un 100 el niño de tan solo 5 años de edad.
Decepcionados por buscar infructíferamente las tinajas y con una recia lluvia que caía verticalmente sobre nuestros hombros y cabezas, decidimos volver al campamento base, pues se hacía peligrosa nuestra expedición.

Maravillados y asombrados de los bellos paisajes de la zona denominada “Chicharrón”, que es un río de lava que se enfrió hace millones de años para convertir al Pinacate en el lugar donde Edwin Aldrin y Neil Armstrong entrenaron para viajar a la luna en el año de 1968.
La lluvia cesó, minutos antes de arribar al campamento tomamos la decisión de reavivar las brazas de la fogata para poner jugosa carne sonorense en el asador, las cuales fueron acompañadas de chile verde y cebollas cambrai, para hacernos unos deliciosos tacos.
Mostrando las evidencias en su rostro, Emilio emprendió camino para saludar a Roberto Escalante, conocido colaborador amante de la naturaleza, quién acompañado del joven aventurero nos indicó el camino correcto para llegar a las tinajas de agua; ¡oh decepción!, somos pésimos alumnos y exploradores, nos perdimos por más de tres horas sin encontrar una sola gota de agua de las fantasmales tinajas, mientras Aidé se relajaba en los brazos de Morfeo.
Guía pésimo resultó ser este primerizo explorador del durmiente Pinacate, mejor subimos nuestros tiliches a los autos y nos dirigimos hacia el Cráter el Elegante, donde después de unas fotos y un breve almuerzo y agotados, nos dirigimos hacia nuestros hogares en Puerto Peñasco.
Jurando más atención, nos preparamos para la Cuarta Caminata de “Los Caminos de Kino”, la cual se realizará el 6 y 7 de Marzo, en las Dunas del Gran Desierto de Altar, en un espacio que costará recorrer 13 kilómetros para llegar hasta el nacimiento del mismo desierto.

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