A propósito

Por: Noé Becerra

En la columna anterior se sostuvo. Sólo que le fue atribuído al Senador Manlio Fabio Beltrones. No ha sido perita en dulce ni mucho menos monedita de oro, para muchas personas o adversarios políticos, se dijo aquí. Sin embargo, tal frase puede aplicarse también a las diferentes actividades que desarrolla cualquier ser humano, cuando ejerce una profesión, un oficio, o un arte, e incluso hasta la más humilde y modesta función.
El ser humano, por su propia naturaleza, se ha convertido en “el lobo del hombre” y eso le ha hecho mucho daño. Siempre ha estado expuesto a las maledicencias de los demás, a la envidia, al temor, al rencor, e incluso al odio de sus semejantes. A veces con razón, pero la mayoría de las ocasiones sin ella. Así nace el hombre, se desarrolla, se reproduce y muere. Mas todo depende de cómo enfrente la vida, y a sus congéneres.
En una excelente obra literaria, el distinguido Maestro Universitario Héctor Rodríguez Espinoza, hace un análisis exhaustivo acerca de “La Envidia”. Se la recomiendo. Pinta de cuerpo entero las complejidades de la naturaleza humana cuando es objeto de la envidia. La envidia es un verdadero monstruo de los atavismos y complejos psicológicos de los seres humanos en general.
Pues bien, amable lector, el periodismo no escapa de ello. En el largo y anchuroso camino de “los escribidores” -diría un dilecto amigo-, se entrecruzan tantas animosidades, tantas envidias, zancadillas, y en el extremo del gorilato inentendible de muchos, la amenaza o bien la agresión física y verbal de sujetos desalmados que enmascarados en una imagen de bondad y de poder, se dan a la tarea de atentar contra quienes de manera normal como en otras actividades humanas, -de chamba pues amable lector-, se dedican a poner en conocimiento de la opinión pública los hechos que se suscitan dentro de una comunidad, sin dejar de señalar a los responsables de tales eventos.
Este es un hombre nacido en una cuna por demás humilde. Que a través de los años, le ha dado el acicate necesario para sentirse abrumadoramente orgulloso, y además para superarse en muchos órdenes de su vida. Contrariamente a lo que ocurre con muchos que se puede decir, cuentan con todos los recursos para triunfar en la vida, y que desperdician miserablemente todo aquello que la naturaleza y la diosa fortuna les dio a manos llenas.
Sus primeros pasos fueron de lo más difícil. La vida, -él lo sabía muy bien-, no es de ningún modo, de color rosa. Enfrentó muchos obstáculos, muchas diferencias. Pero aun así, y a pesar de lo que la vida le presentó, con la mayor de las dificultades logró ir escalando. Se hizo a la sombra de los frondosos árboles de sabiduría y grandes titanes en su quehacer diario. Y así emprendió la gran carrera que se había autoimpuesto. Sacar adelante a la autora de sus días, que había quedado mucho tiempo atrás en la peor de las soledades, al haber fallecido el hombre de la casa. Él tuvo qué convertirse en el sustituto del padre.
Hoy, ese hombre recuerda con extrema humildad, que en una ocasión para quedar bien con su jefe inmediato, acuñó algunas frases y así se las expresó cual si fuera un Cicerón en ciernes. Al cuestionarle su jefe, -que valga decirlo, que además de ser un titán, era también un hombre de carácter muy fuerte y directo-, qué significaba la palabra “obsoleto”, nuestro personaje le respondió, “no sé jefe, pero ya iré sabiéndolo sobre la marcha”.
Correteó desde una sencilla nota de sociales, una de deportes, hasta llegar con el tiempo a obtener las famosas exclusivas que muchos políticos y funcionarios le prodigaban, al reconocer en ese muchacho “la madera” suficiente para llegar a altos niveles de superación.
Pero las dificultades no arredraron a este personaje. Se convirtió en un hombre triunfador. Y eso fue quizá, -en opinión del suscrito-, lo que el humano y sobremanera el sonorense, no le perdonó en su momento. Recuerde amable lector, que nadie perdona el éxito en cabeza ajena. Existe esa frase famosa y muy conocida por atribuírse al sonorense cuando ve triunfar a alguien ¿“y ese pendejo qué merecimientos tiene”?.
Y así, el triunfador es objeto de envidia, de ataques de todo tipo, de malinformaciones con todo mundo. Así sea gobernante, político, empresario, profesor, profesionista, lector, escritor, periodista, comerciante, chofer, bolero, vocero, estudiante, ama de casa, padre de familia, hijo, cura, sacerdote, líder social, dirigente obrero, hermano, sobrino, tío, cuñado, suegro, Presidente de México, diputado, Senador, taxista, o un modesto arriero o un humilde albañil. Todos son objeto de envidia, esa enfermedad que transforma el alma de los hombres en una putrefacción asombrosamente rápida.
Y aquél Alejandro Oláis Olivas que hoy bromea con la palabra obsoleto, se encuentra ahora convertido en un cuajado periodista que sin duda ha alcanzado los niveles que se propuso, en una lucha dura, soterrada o incluso abierta, implacable, de aquellos que le ponían piedras en el camino, pero que Alejandro supo hacer un lado. Y hoy lo dice, no me encuentro, ni me cuento, dentro de los actores del rencor social. La vida es tan hermosa, que no hay que desperdiciarla.
Y contrariamente al desconocimiento de aquella palabra “obsoleto”, Alejandro se encuentra hoy, actuante. Se ha convertido en un escritor de temas fundamentalmente políticos. Conoce los entretelones de la política y sus actores. Conoce a los gobernantes. Conoce a los funcionarios. Su libro se titula “Del Caos a la Esperanza”. En el mismo disecciona, con amena narrativa, los entrecijos del poder.
Da a conocer al lector, de manera agradable y reflexiva, el acontecer de la política en diferentes etapas de la historia de Sonora. Sus datos y su información plasmados en el citado libro, no dejan lugar para saltárselos u obviarlos. En realidad, puede convertirse en el libro de cabecera de muchos que deseen conocer cómo y por quiénes se ha manejado la política en el territorio sonorense. No tiene desperdicio. Si los políticos en especial no leen a Alejandro, seguramente estarán desperdiciando un conocimiento directo y experto de lo que somos como entidad e identidad estatal, así como sociedad en general.
Alejando lleva escritos ya cuatro libros, cual más de interesante. La política y sus políticos retratados magníficamente por su autor. Y tiene otro más en puerta, pero dedicado a Sinaloa. Sin temor a equivocarme, puedo afirmar que si la clase política de Sonora, de todo signo y color, desea conocer a sus protagonistas, deben abrevar en la lectura de los libros de Alejandro. El Caos y la Esperanza, es un parteaguas del Sonora de apenas ayer, y el de hoy, entre el gobierno ejercido por José Eduardo Robinson Bours Castelo, y la asunción al poder de Guillermo Padrés Elías. El caos uno, la esperanza el otro, según Alejandro.

O usted, ¿qué opina amable lector?.
El autor es abogado postulante por la UNAM, ha sido catedrático universitario en varios Estados y articulista en diversos periódicos del país. Teléfonos (662) 213.5524 oficina. (6621) 57.7114 celular elarcadenoe2005@hotmail.com

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