Por: Alberto Aldrete V.

En cuanto al combate a la violencia y al crimen organizado, no cabe duda que empezamos mal el año. Con base en las estadísticas de diferentes medios, en México hay un ejecutado cada 40 minutos, el miedo se generaliza, la inseguridad se acentúa. El Estado no proporciona las garantías mínimas a la sociedad, vivimos en un país que se está desdibujando entre tantos conflictos violentos y tanta mortandad sin sentido. Es difícil saber si estamos “tocando fondo”, algunas voces autorizadas como la ONU, pronostican que la violencia y la inseguridad pueden proseguir por mucho tiempo. Mientras tanto la sangre seguirá corriendo y la cotidianeidad de los habitantes de este país seguirá inmersa en la incertidumbre, en la zozobra. La gente replegada en sus casas, las calles vacías. El gobierno federal proseguirá en su lucha contra el hampa. Ya no puede echarse para atrás, los resultados no son los esperados, pero ahora sería un grave error la retirada, pues dejaría que los grupos delincuenciales tomaran las riendas de muchas zonas del país y se alzaran como los grandes triunfadores. “Basta de Sangre” es el lema de una campaña que ha iniciado el caricaturista Eduardo del Río “Rius”. La iniciativa ha tenido una amplia recepción y está siendo divulgado en muchos medios escritos, puede leerse como una propuesta, utópica si se quiere, de la sociedad ante la ausencia de resultados gubernamentales que conduzcan a una situación de tranquilidad relativa. No importa si es la delincuencia organizada la principal responsable de la muerte que nos acecha. Tampoco importa si es el gobierno el que ha provocado la hecatombe que vivimos, la consecuencia es que la sociedad, de la que somos parte, es la que está pagando el costo de un conflicto que dista mucho de resolverse y, por el contrario, se ahonda con el paso del tiempo… El colega Raymundo Estrada Charles nos comparte una aventura que no la hubiera sino es que la hubiera vivido: Había escuchado tantas historias de abuso y prepotencia en la Aduana de Nogales, que más me parecían leyendas urbanas. Lamentablemente, estábamos equivocados. Para desgracia de todo lo bueno ahí ejercido, hay oficiales que agravian la institución. Ausencia de criterio para ejercer el servicio público, sería constante en algunos, por fortuna, no de todos. Y en esa excepción entran los oficiales, Miguel Ángel Parada Foullet y Alejandro Arturo Vázquez, más éste último que personifica intolerancia y bravuconería. Todo inició en el kilómetro 21 cuando el primero en una revisión prácticamente regaña a Humberto Robles Pompa, porque su carro, en el que viajábamos, no traía placa delantera. En contraste total a la formación profesional y trayectoria de Rafael Camilo Abreu, Director General de Aduanas, el oficial Parada, que ninguna identificación portaba, solo las iniciales K-9 en su espalda, arremetió con la sugerencia de que el carro podría ser robado y amenazó con enviarnos al Ministerio Público. El intercambio verbal con Humberto inició después de la orden grosera de descender del vehículo y el enérgico mandato de que bajáramos nuestras pertenencias del vehículo. Como castigo, el señor nos dejó parados y se dispuso a revisar otro vehículo que también le tocó semáforo en rojo. La amenaza de grabarlo en video, fue suficiente para que hiciera una llamada y en lo sucesivo aumentó nuestro calvario. De todo fui mudo testigo. El Supervisor Alejandro Arturo Vázquez arribó plenamente predispuesto y arremetiendo contra todos, en primer término arrebatándoles el celular a Gonzalo Ibarra y a José Manuel Velarde, para revisar en cuál habían grabado video, muy aparte de exigir a todos la credencial de elector, con una actitud más que prepotente, soberbia. De dar miedo. Contrario a la costumbre, en silencio obedecimos, pero sin dar crédito a lo que estábamos viviendo. Peor, cuando el tipo nos exigía bajo argumento de estar facultado por la Ley Aduanera, que le entregáramos nuestras carteras. Eso si, no obedecimos. La orden que dio buscando ofender, fue que nos subiéramos a una patrulla, nos trasladaría al Recinto Fiscal, allá, fue peor. Los militares fueron testigos cuando incluso retó a golpes a Robles Pompa e incluso de cómo fue necesario llamar a la Cruz Roja, porque a José Manuel Velarde, por el susto se le subió la presión, tuvo que ser trasladado al hospital. Pocas veces conservo ecuanimidad, fue una mezcla de temor e impotencia por el brutal abuso de autoridad, ya que prácticamente fuimos secuestrados por 3 horas con la amenaza de multa por 6 mil 900 pesos por haber grabado un video, que nunca se grabó. Después de tres horas, nos devolvieron las identificaciones y que les vaya bien. Y todo por una placa. ¿Qué de cosas no sufrirán ahí otros desafortunados?

Share This Post Comments: No hay comentarios