Por: Alejandro Olais.

La crisis de la Unison

Como todo parto difícil la reaparición de semanario TIEMPO aguarda el momento preciso indicado por el Supremo Hacedor de todas las cosas, trastabillando a veces el proyecto por malas vibras de protagonistas y/o grillos de pacotilla con quienes pronto ajustaremos cuentas, siendo más las razones de optimismo al conjugar un staff de plumas de primer nivel de la dimensión de Gerardo Ponce de León, Arturo Soto Munguía, Raymundo Estrada Charles, Víctor Fonseca, Armando Vázquez Alegría, Alejandro Islas Galarza, y el propio ex gobernador Samuel Ocaña García, por Sonora, además de Ãlvaro Aragón, José Ãngel Sánchez López, Hilario Osorio, el catedrático del Politécnico Nacional José Gaxiola López, y el politólogo Roberto Soltero Acuña––ex subsecretario de gobierno, líder estatal del PRI, delegado de la PGR––, de Sinaloa.

Igual incorporaremos el prestigio de la periodista de excepción Armida Bernal Reyes, e inspirados en ejemplos de lealtad y compromiso ––palabra inviolable––, de Pok León Masías, prototipo de éxito empresarial, obvio, como todo emprendedor audaz con problemas judiciales comunes, los cuales dirimirá en tribunales, no en periódicos y/o panfletos de arrabal, aferrándonos al principio ético del oficio de, perro, no come perro.

Menos cuando la guadaña acosa el gremio ––ayer rindió tributo a la madre tierra la señora Alma Luz Vázquez, enviando a su esposo, el colega José Jaime Atondo, un abrazo de solidaridad en las horas de dolor––, drama prolongado desde el fin del año pretérito con la partida de un grande del periodismo––ídem reciente el óbito de Abelardo Casanova, de los maestros resta el talento aleccionador de Carlos Moncada––, Fortino León Almada, quien al cumplir 50 años en la brega, a guisa de legado póstumo, dictó inolvidable conferencia magistral.

Luego de agradecer a los organizadores del homenaje––en vida, hermano, en vida––, Manuel Ignacio Acosta, Ernesto Gándara Camou, Lupita Orduño, el Fano Campoy, añadiendo del par, de quienes me siento orgulloso de haberles podido dar un empujón a la hoy proscelosa alberca del periodismo y la comunicación, a Fernando Tapia y Alberto Nevárez, así como a mi esposa Lupita, a mis hijos presentes y a mi hija que vive lejos, a mis nietos y nieta, a la Cuata, a Germán y a Peter, todo el amor que se merecen por ser como son, Fortino entró en materia:
––Ellos quisieron recordar mis cincuenta años en el periodismo o muy cerca de él, pues algunos años y en ocasiones diferentes he sido lo que antes llamábamos jefe de prensa, en dependencias federales y estatales (en ese orden), el 20% de ese tiempo. Lo demás, el 80 por ciento o buena parte del mismo, ha sido vagancia de la buena, amistades, viajes interesantes y lo más rentable, disfrutar una familia que consciente mis debilidades. En fin, una aventura de la que no me arrepiento. Bueno, tal vez me arrepienta de no haber leído más, porque la lectura es tal vez el mejor viaje que podamos realizar los seres humanos.
––No sé si tengo enemigos. Tal vez algunos, pero no los conozco. Si tengo la satisfacción, que hoy comparto con ustedes, de que gente de todos los colores y sabores, humilde en su mayoría, me salude en la calle, en las cafeterías o en los supermercados; me pida libros o me felicite por los programas de radio y televisión. Desde luego que la mayoría de los elogios no los merezco, por lo que me quedo con el apretón de manos, la palmada o la sonrisa. El periodismo es un oficio vocacional y yo celebro se haya profesionalizado como licenciatura, siempre y cuando esa calidad de “licenciados” la ejerzan, los jóvenes que hoy toman la estafeta, con ética personal por encima y más allá de los códigos generales, cortina de humo en demasiadas ocasiones para el periodismo utilitario y de conveniencia.
––En cuanto a los 50 años de periodista, voy a revelarles un secreto que compañeros míos aquí presentes han guardado a piedra y lodo, como aquellos viejos alquimistas lo hacían con sus pócimas en maravilloso botámen medieval. La fórmula es harto sencilla: abrace el oficio con auténtica vocación, lea libros como maníaco, muéstrese dispuesto a servir de canchanchán a un jefe de redacción que se crea el inventor de las noticias ––ahora no se creen, en realidad las inventan en más ocasiones de las convenientes a la deontología periodística––; luego deje correr el tiempo y que caigan, una a una, las hojas del calendario.
––Cuando menos piense, habrá transcurrido medio siglo y entonces tus amigos, la gente que quieres y te quiere, te harán un reconocimiento que te hará latir el corazón, como hoy aquí, en este momento, a una velocidad endemoniada y febricitante; después, si aún tienes fuerzas, sigue siendo periodista hasta el final de tus días. Aceptando, desde luego, que el periodista hoy, el periodista del tercer milenio, es solo un obrero de lo instantáneo con una capacidad de análisis reducida y limitada por el “en vivo” de las imágenes.
––De hecho, lo que llamamos el nuevo diseño de la prensa escrita no es otra cosa, en opinión de expertos, que un afán por parecerse a una pantalla de televisión. Han desaparecido de los diarios, al menos en Hermosillo y en referencia a los dos más grandes ––mas hojas, mas anuncios, mas relleno, mas servicios de agencias ––los editoriales que marcaban, cada día, la posición del periódico en relación al acontecer cotidiano, una línea editorial que ha sido transferida, con toda la responsabilidad que significa hacerlo, a columnas de opinión escritas con chistosos pseudónimos. Seamos sinceros, el periodista es cada vez más actualizador de la información de la televisión, la radio y esa fabulosa galaxia que conocemos como internet. No lo digo como crítica de mala leche, sino como un reconocimiento de la realidad mundial que se trasmina a los medios locales sin que exista la voluntad o el interés de resistirse a ella.
––En cuanto al poder de la prensa, las cosas han cambiado, por lo que me permito la licencia de concluir esta intervención con palabras de Ignacio Ramonet, estudioso de fenómenos de la comunicación: Lo que llamamos el cuarto poder, cabe decir, se ha convertido en una noción confusa. Ya no se sabe demasiado bien dónde está. Los que creen tenerlo se dan cuenta de que no lo tienen. Me parece que, jugando un poco con las palabras, lo que antes era el cuarto poder ahora es más bien el segundo. Pero sus funciones han cambiado: el cuarto poder era la censura de los otros tres, mientras que aquí, el segundo se plantea en términos de influencia global y general sobre el funcionamiento de las sociedades.
Hasta ahí lo medular del extinto Fortino León Almada, un legado con tanto por aprender, sobre todo en esta época de degradación del periodismo, en particular el de esta entidad, digna de mejor suerte, volviendo al ruedo, en tribunas libres, críticos objetivos, verticales.
Claro, políticos, funcionarios, y aprendices de, nos dan material para ejercer la sacrosanta y mancillada libertad de expresión, verbigracia, el traidorzuelo ––la culpa es de Pedro Ortega Romero, al inventarlo sobre la advertencia del pasado perredista del interfecto, por parte del entonces gobernador Eduardo Bours––, Heriberto Grijalva Monteverde, exponiendo otro editor, Luis Fernando Rosas Barragán, lo siguiente:
––Es el vergonzoso caso del Ery––remoquete endilgado desde la época de trasnochado militante de enfermiza izquierda––, actual rector de la Universidad de Sonora, quien, trató de “rajones†a los diputados de la 59 legislatura local, por no ajustarse a insaciables ambiciones para satisfacer la estela de corrupción, enquistada en el Alma Mater.

––En realidad, quien pilotea al inflado (física y mentalmente) al Ery y lo trae lamentándose por lo de la negativa parlamentaria de reducirle por falta de argumentos en casi 6% su presupuesto en relación a los 690 millones del ciclo anterior, es su secretario particular, Francisco Javier Castillo Yáñez, encargado de echar fuera de la institución a gente como Octavio Enríquez, por haber sido colaborador leal y de resultados con el ex rector Ortega Romero.
El riesgo––retomamos el tópico sintetizado del tsunami Barragán––, como siempre, es inducir una huelga en la máxima casa de estudios, perjudicando al alumnado y el desarrollo de Sonora, ante la ausencia de diques para frenar el desorden, contrario al acontecer en la burocracia estatal, donde sobre la mansedumbre del espurio Luis Antonio Castro Ruiz, ha prevalecido la mano dura de Arnoldo Holguín Anguiano.
Por falta de espacio, y la dilatada espera a explayarnos en TIEMPO, ésta vez no tocamos a los delicados pseudolíderes de la sección 28 del SNTE, pero nuestros detractores ganaron buenas chamarras de piel, en la comilona-beberecua de Quinta Emilia.
Provecho.
Dios nos bendiga a todos.
a_olais48@hotmail.com

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