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Si hace años querían convertir la Cholla en isla, porque no en un futuro acabar con toda la naturaleza con potencial económico, como lo son las costas de Puerto Peñasco y toda área con futuro turístico, si ya más de la mitad de los espacios a orillas del mar se han convertido en complejos turísticos con exclusividad terrenal y marítima, casi, casi solo para aquel que tenga con que pagar, pero en fin, es por eso que los terrenos valen dinero y se pueden vender.
Recuerdo que la loma era libre, ahora cobran, antes habían dunas, ahora hay tierra raspada, había caminos a la playa, hoy en día hay letreros de advertencia y una sola entrada digna para llegar hasta nuestro mar, antes teníamos explanada, además del malecón, pero hoy tenemos hoteles de lujo que representan nuestro desarrollo por una parte desafortunado, pues el lujo no mitiga la nostalgia por los lugares que el pueblo merecía por antigüedad y los cuales los había convertido en áreas de diversión y que hoy son áreas de trabajo para los habitantes, gracias al valor dado a la tierra y su potencial económico que compraron inversionistas turísticos, que compraron desarrollo pero vendieron dignidad.
Ahora tenemos dos tipos de cadenas, las cadenas comerciales y las cadenas que detienen al ciudadano común de disfrutar sus playas y lo que alguna vez fue terreno virgen, terreno natural, dunas, lomas, muchas de ellas de las cuales ahora se le han dejado unas cuantas para su disfrute, todo ello a consecuencia del progreso, ni modo, a la prole le tocó trabajar sin chistar y a los agraciados trabajarlos y darles un Burger King y días de descanso para poder seguir construyendo la otra cara de la moneda, el lado oscuro del progreso; alguna vez oí decir “el empleado trabaja en el cielo y vive en el infierno”, por supuesto que camuflado con casas de interés social, cadenas de tiendas y beneficios por trabajar en un hotel.
Pero todo ello nos ha dado imagen mundial, pronto seremos el destino turístico de primera opción y quizá, pero solamente quizá, el gobierno y los planeadores de la ciudad hagan de ella un lugar equilibrado con lo que es el lujo del desarrollo y los trabajadores no vayan del infierno al cielo y del cielo al inferno por seis días a la semana, con uno de descanso, claro, en el infierno.

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