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De lejos parece quinceañera por las luces destellantes, más de cerca parece mitin político por tanta gente, pero ya en el lugar parece la alfombra roja de los “oscares”, pero esta es una alfombra roja por la sangre del accidente, que es lo que en verdad es, es la realidad mexicana, todos ejerciendo su derecho al mitote, a ver qué paso, toda la cuadra se llena de curiosos, pretexto acercarse para saber mas, quien quite y lo conozca, otra persona se acerca a preguntar; ¿Cuántos son, se tiro el otro a la fuga?.

Son las pláticas que se pueden escuchar cuando sucede un accidente en plena ciudad, son las imágenes que se miran cuando chocan o se quema una casa, desde los que jugaban futbol, los de la tienda de la esquina, los que iban pasando, hasta las señoras que interrumpieron su novela preferida para ir a mitotear, pues estuvo bueno el madrazo dicen otros, de los cuales unos son más osados y se acercan poco más para tener mejor vista y quien quite y ver a los heridos dentro de los carros, como todo un show de televisión, pero aquí mas real, mas morboso, no importa si se estorba o si el desgraciado es tímido para eso de las multitudes, aquí se tiene que aguantar pues al causar un accidente se hace merecedor de un programa policiaco en vivo, como el “rescate 911” pero frente uno.

Esto sucede muy comúnmente aquí en Puerto Peñasco, cosa que es normal puesto que el morbo y el mitote son medicinas para la mente, pues esto hace sentirnos confortables ante las desgracias de otros, no importa que le haya pasado, es como si al momento de ver un accidente el cerebro se cambiase a modo “anestesia”, donde la plática y el cotorreo se mezcla con los momentos cumbres de un accidente como lo son sacar al herido y ver que le paso y hacer cara de dolor para luego decir pobrecito y retirarse a seguir con lo que se estaba haciendo pues un accidente no puede interrumpir por mucho tiempo la vida de alguien, más que la de los afectados, para eso es el mitote pues, para ver que paso y ya, sin importar hacer bola, muchas veces estorbando a los que en verdad deben estar ahí, como lo son paramédicos, bomberos y policía, quienes tienen la doble labor de atender el accidente y sortear al metiche que se metió hasta la cocina para poder ver mejor, esa mala costumbre del mexicano, que le gusta mirar en vez de ayudar, en accidente pequeño o en accidente grande.

Desafortunadamente, el dicho que mejor aplica en estos casos es el de “más ayuda el que no estorba”, en ese caso porque no mejor se vuelven paramédicos si tanto gusta el ver accidentes a los que gustan de presenciarlos, mala costumbre que no se erradicara ni con cinta amarilla “a lo gringo”, donde si de plano ponen área restringida y ni quien se meta, pero acá ni eso ayudaría pues para ver mejor, nomas te pasas la cinta por el arco del triunfo y a estorbar se a dicho, y ni que decir del trafico que se crea, pero bueno, el metiche no anda en burro.

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