Buscan contrarestar esa mala costumbre que provoca hasta miedo

Por: Alberto Aldrete Valdez
PTO. PEÑASCO SON.

Hace dos semanas, por realizar “pintas cholas†en el malecón, tres jovencitos, menores de edad, fueron detenidos por la policía y puestos a disposición del Instituto de Tratamiento y Aplicación de Medidas para Adolescentes, el ITAMA.
Los chamacos, cuyas edades pululaban entonces entre los 14 y los 19 años de edad, fueron identificados solamente como Mariana Azucena R.F., de 14 años, Jesús Alejandro V. CH. de 15 años y Armando Carranza Medrano de 19 años.
Fueron sorprendidos por la policía en el momento mismo en que, con pintura en aerosol se dedicaban a rayar la pared de una casa, y ni siquiera tuvieron la oportunidad de reaccionar cuando ya los agentes les habían “echado el guanteâ€.
Días antes, otros chamacos, quienes estaba por ingresar a su mayoría de edad, fueron puestos también a disposición de las autoridades del ITAMA para que éstas asumieran lo correspondiente, que en la mayoría de los casos no pasa de una fuerte reprimenda, el llamado de atención a los padres, y si acaso se está en posibilidades económicas, obligarlos a cubrir los daños que dejó la acción de los responsables.
Según las estadísticas que se manejan al interior de la Dirección de Seguridad Pública, son muchos miles de pesos en daños los que provoca la acción de los jóvenes “graffiteros†mes tras mes.
Más identificados como “cholosâ€, ubicándolos como los jovenzuelos con pantalones caídos generalmente adictos a las drogas, los “graffiteros†no permiten la existencia de una pared limpia de leyendas ilegibles y dibujos caprichosos, y siempre al amparo de las sombras destruyen lo que se pretende sea una fachada limpia y presentable.
La impotencia invade casi a diario a decenas de personas en todos los rincones de la ciudad, cuando por las mañanas se dan cuenta del paso del vandalismo por sus propiedades, porque generalmente son daños cuyo costo se tiene que absorber sin la más mínima garantía de que el arreglo será respetado permanentemente.
Precisamente por eso es que se observa en muchas bardas y paredes que el tiempo pasa y sus propietarios no se preocupan por cubrir las leyendas “taggerâ€, porque saben perfectamente bien que podrían tirar dinero a la basura, porque el remozamiento no será permitido por los destructivos “graffiterosâ€.
Un grito de atención
Lo que parece ser un problema total y absolutamente difícil de resolver, ha sido tema de discusión y polémica durante años. En tanto miembros de la sociedad repudian la acción de los “taggers†cuando les dañan sus propiedades, psicólogos y psiquiatras se enfrentan en interminables alegatos buscando siempre una justificación al actuar de estos muchachos, regularmente pertenecientes a familias de condición humilde, o muchos otros cuya rebeldía no encuentra otra salida mejor que ésa.
Algunos estudiosos de la materia indican que el “graffitis†es como una especie de llamado angustioso de los jóvenes que lo practican, por la desatención de que son víctimas en el seno familiar.
“Son muchachos que de esa forma reclaman una atención. Saben que de esta manera habrá quien se interese en ellos y por eso lo hacen. No lo practican pensando en que están haciendo un daño, eso no existe para ellos, simplemente sienten que de esta forma habrá quien les ponga atenciónâ€, explicó Eloy González en una reunión organizada exclusivamente para tratar ese tema.
Según una amplia explicación que dieron y en donde se expusieron algunas diapositivas comparativas de este problema, que es mundial por cierto, se remarcó lo negativo que estas pintas representan para la sociedad y sus propiedades, primero reflejan temor porque se percibe una señal de que es un barrio marcado por pandillas y por lógica natural reduce el valor de esas propiedades.
Por lo anterior se aconsejó a los ahí reunidos que cuantas veces sean rayadas sus propiedades se vuelvan a pintar, es una acción que costará dinero, pero es una forma de contrarestar ese problema, pues eso se ha logrado en Nueva York con el Metro, y en otras grandes ciudades, ya que se considera que quien pinta algo es para que otros lo vean, pero si no lo logran llega el día que se enfadan al no estar encontrando lo que buscan.
Eloy González también recomendó propuso llevar a cabo una lucha permanente contra ese problema y advirtió que no será una batalla de un día, hay que ser constantes hasta lograr desanimarlos, pero paralelo a ello recomendó efectuar una campaña preventiva en las escuelas, “ahí es donde se debe diseminar la semilla para concientizar a los niños y jóvenes, advertirles que no es buenoâ€, refirió.
Hizo un llamado a hacer de esta campaña una campaña de todos, colaborar tanto para despintar lo rayado y denunciar cuando vean cuando se comete esa acción, que la autoridad municipal haga su parte y que los negocios que venden pintura en aerosol cumplan con el reglamento de no venderle a menores, independientemente de las campañas preventivas que se realicen en las escuelas.
Lo que opina la contraparte
Pero lo que argumentan algunos de estos jóvenes es realmente sorprendente: “Los graffitis son una forma de expresarte. Nosotros, los que pintamos, sabemos que si estás nervioso, vas a pintar y te relaja, a mí, al menos a mí y a un par de amigos, el otro día la policía nos quitó unos “sprais†y aún encima nos querían llevar, porque ellos no entienden que es arte… espero que piensen como yo, pintar es lo mejor que hay en el mundo. Yo, cuando hago un graffiti lo hago con el nombre de “KLS†y esos amigos con “DK&†o “KRCKâ€, y nuestra pasión es pintar el graffiti, es una forma de expresión, es «arte», asegura uno de estos jóvenes que opta por permanecer en el anonimato y le respetamos su petición.
Es decir, lo que para la mayoría de los ciudadanos es vandalismo, para los jóvenes que lo practican es arte digno de admirarse. No admite, de parte de ellos, una crítica a lo que consideran es digno de un artista… aún con el perjuicio que representa para el dueño del lugar donde se pintó.
Una leyenda aparecida en una barda de un país sudamericano deja en claro el reproche de quienes “graffitean†en contra de quienes hacen lo mismo, pero bajo el patrocinio oficial de los gobiernos: ¡Viva el arte del graffiti, MUERTE al vandalismo electoral!, pero ese es otro tipo de grafitti, diríase que es “grafitti político†y cuya responsabilidad de borrarla tampoco es totalmente cumplida por quienes la ocasionan.
Obviamente se refiere a las pintas que se realizan en todas partes cuando se acercan las campañas para elegir nuevos gobernantes, que en ocasiones, aun cuando se hacen sin el permiso de los propietarios de una barda o una pared, no reciben el más mínimo castigo, en tanto que para los “cholos†la persecución no termina jamás.
Otros más se atreven a afirmar que la legalización del “graffiti†sería la única solución para eliminar definitivamente el problema. El día que se dé libertad absoluta para rayar paredes y expresar de esa forma sentimientos o reproches a la sociedad, dejará de ser atractivo para los “cholos†y tendrán que buscar otras formas de manifestación.
¿Es vandalismo urbano?
En Puerto Peñasco hay instituciones como el Instituto Municipal de la Juventud que ha procurado encausar a los jóvenes que generalmente esperan las sombras de la noche para atentar contra propiedades ajenas.
Se invita a los muchachos a participar hasta en concursos, con estímulos diversos que resulten motivantes para los “artistas incomprendidosâ€, y aunque algunos de estos experimentos han resultado muy concurridos, es evidente que el resto de los centenares de “cholos†que existen en todas partes no comulgan con la idea de que su actividad pase a ser algo lícito.
En consecuencia, el problema sigue. No puede nadie controlarlo. La policía sorprende a unos cuantos, pero hay muchos, cientos que diariamente acechan al amparo de las sombras de la noche para, en unos cuantos segundos, echar a perder el trabajo que llevó horas de actividad a los pintores en el remozamiento de una fachada.
La dirección de Seguridad Pública Municipal invita a los padres a poner más cuidado a sus hijos, pero los padres de los “graffiteros†se escudan diciendo que no pueden andar tras ellos de día y de noche. En consecuencia, la policía resulta hasta incompetente para tratar de aportar alguna solución al problema.
Y la sociedad en su conjunto solamente se queja, pero en términos generales, no tiene tampoco la capacidad de controlar un problema que, al final de cuentas, está en el interior de ella misma.

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