Por. Miguel Angel Armenta.
Que cosas tiene la vida… la polÃtica esta a todo lo que da, hay partidos con candidato y hay otros que aún no cuentan con tal. En el transcurso de la semana fuimos testigos del zipi – zape protagonizado por los seguidores del Dr. AgustÃn Altamirano Cambero, debido a que le fue negado el registro por presuntas omisiones a la convocatoria emitida por el Partido Revolucionario Institucional para elegir a candidatos en los 66 municipios sonorenses que cuentan con menos de 100 mil habitantes.
De igual manera al Dr. MartÃn Ballesteros Pino se le negó el registro, aunque este último se reservó su derecho de manifestarse libremente en las calles, pero sà declaró ante los medios de comunicación su inconformidad por los resultados del proceso interno de este instituto polÃtico.
En mi punto de vista, estoy de acuerdo que cualquier tipo de manifestaciones es derecho de todo ciudadano, siempre y cuando respetemos el derecho de terceros, sin perjudicarles en lo más mÃnimo. Respeto a quienes tuvieron el valor de gritar por la calles sus inconformidades ante las circunstancias acontecidas al interior del PRI sin perjudicar directamente a la ciudadanÃa sonoytense, pero hay ciertos puntos de los cuales estoy totalmente en desacuerdo por la manera en que sucedieron las cosas. Por un lado esta el derecho de manifestarte libremente y por otro lado esta la manipulación. Quienes estuvimos presentes en la entrega del dictamen y posteriormente en la manifestación de los seguidores del Dr. Altamirano, observamos la manipulación de niños que incitados por los adultos participantes para portar pancartas alusivas al rechazo de imposición, según ellos, hechos de los cuales se tiene evidencia donde personas les ordenan a un grupo de niños y niñas a que pasen por delante a las oficinas del PRI, sin tomar en cuenta el ánimo de los presentes y que de alguna manera pudiera perjudicarles a los menores al ser objeto de alguna agresión de parte del grupo que en ese momento se sentÃa agredido.
En otras palabras, los niños no tienen la capacidad para interpretar una acción de esta naturaleza. Quienes los manipulan los exponen a recibir agresiones fÃsicas que pudieran poner en riesgo su vida. Hay que recordar que cuando los ánimos están caldeados se ha llegado a la violencia y ha habido casos que por enfrentamientos polÃticos se han perdido vidas.
Aquà surge la pregunta, ¿en que pensaron los seguidores del Dr. Altamirano cuando mandaron a los niños como carne de cañón?, como comúnmente se dice. Grave error señores, gravÃsimo error. Por mas molesto que se esté, la niñez no debe ser objeto de nuestro repudio, como fue el caso en esta ocasión. Esta documentado que se incurrió en actos de manipulación de menores que agrede ciertamente los derechos humanos y en este caso de menores, los cuales pudieran repercutir en las personas que impusieron directamente a los niños a expresarse de esta manera. Los datos ahà están.
Como dije en lÃneas anteriores, yo respeto a quien se exprese de cualquier manera, pero condeno la falta de valor de personas que se valen de la inocencia de los niños para utilizarlos en cuestiones muy ajenas a su capacidad intelectual. Gracias a Dios no hubo nada que lamentar, pero pudo haber pasado una tragedia. Reconozco a quienes se condujeron respetuosamente en esta marcha, a quienes en sà cupo la cordura y la mediación, esto hay que enaltecerlo. Solo que hay que elevar el nivel de la polÃtica, para que de esta manera encaminarnos al desarrollo como sociedad.
Este hecho se desarrolló el pasado 21 de abril por las calles de Sonoyta y a las afueras de las oficinas donde se ubica el PRI.
Están en todo su derecho de manifestarse, pero que no la muelen, que no utilicen niños.
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