Por: Alberto Aldrete Valdez
Al culminar el ciclo escolar llegó el más prolongado periodo vacacional del sistema educativo nacional, mismo que es aprovechado por buena parte de las familias mexicanas para disfrutar con todos sus miembros de un agradable, sano y reparador descanso, con el agregado de que en él se tiene la mejor oportunidad para convivir durante mayor tiempo y de manera más cercana con todos sus miembros, fortaleciendo así de manera sustantiva los valores en que se funda una familia funcional. También salieron de vacaciones casi toda la burocracia estatal, solo quedan guardias en cada dependencia.
En base a lo antes comentado es que debe tenerse en cuenta que vacacionar no es sinónimo de holgazanería y, mucho menos debe ser pretexto para que cada quien tome el camino que le plazca, incluso perdiéndose contacto entre hijos y padres, con lo que irremediablemente se obtendrían resultados contrarios a los que deben generar unas vacaciones sanas y ordenadas.
Durante las vacaciones deben dejarse de lado las obligaciones y rutinas cotidianas de los padres de familia en el hogar y centros de trabajo y de los hijos en las aulas escolares, pero ese tiempo no debe ser desaprovechado infructuosamente, sino que debe dársele espacio a otro tipo de actividades culturales y deportivas, las que además de proporcionarnos momentos agradables de recreación, nos aportan elementos de superación intelectual y mejoría en las condiciones de salud personal. En estos días de asueto podemos realizar actividades para las que no nos alcanza el tiempo por compromisos de trabajo o estudios, como puede ser la lectura de un buen libro, ver una interesante película o efectuar el viaje que tanto hemos anhelado.
Por supuesto que el programa vacacional debe ajustarse a las posibilidades económicas de cada quien, olvidándonos por completo de aquel slogan de “viaje ahora, pague después”, con lo que sería obligado que las dulces vacaciones dieran paso a un amargo retorno. Ni en vacaciones, ni nunca, debemos rebasar nuestras capacidades de gasto, porque, si lo hacemos, de seguro nos complicaremos la vida.
Las condiciones económicas no deben ser pretexto para no disfrutar al máximo de las vacaciones, ya que éstas se pueden gozar de igual manera dentro del hogar o en el lujoso hotel de afamado destino turístico, ya que la calidad y disfrute del descanso no depende de los espacios materiales, sino de nuestra propia actitud personal, que necesariamente transmitiremos a cuantos nos rodean.
Parafraseando a un conocido comunicador de la televisión nacional, puede que no merezcamos las vacaciones, pero sí las necesitamos, y por ello hay que aprovecharlas de la mejor manera, sabiendo que así estaremos favoreciendo nuestra salud física y mental, dotándonos de la necesaria fortaleza y capacidad para retornar en mejores condiciones a las actividades habituales.
A todos nuestros lectores les deseamos que se dispongan a disfrutar las más felices y enriquecedoras vacaciones de su vida; las que, si ustedes lo deciden, están al alcance de sus manos.
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