Tras su conformación han logrado su crecimiento ya que además participan en acciones de altruismo comunitario
Por: J. Hugo Ruiz M.-
SONOYTA, SONORA.-
El Club de Los Jeeperos en el corto tiempo que lleva de constituido es uno de los mas consolidados, ya que uno de los principales objetivos es mezclar la adrenalina en cualquier parte del desierto, puesto que en esta región desértica son muchísimas las dunas que han conquistado, lo que los llena de regocijo, porque lejos de convivir le están ganando terreno a estos ex inhóspitos lugares que antaño resultaba muy difícil penetrar debido a la no existencia de autos todo terreno.
El organismo que encabeza como presidente Paco León, está conformado por una pléyade de jovencitos y de no tan jovencitos, que gustan del rugir de sus máquinas, en cada fin de semana para escalar en sus modestos Jeeps las escabrosas dunas y así irle ganando terreno en la búsqueda de lugares mas difíciles.
En la última caravana realizada la semana pasada lograron constatar ese sabor a desierto, tras ser invitados por los mas abuelos como “El Quintín”, El Chendy, conocidos como la pareja infernal dentro del grupo, por ser estos amantes de los chascarrillos, así como “El Piporro” dentro del respeto que se merecen.
A bordo del Jeep entramos a los terrenos conocidos como el Pickuy, distante a 30 kilómetros rumbo a Puerto Peñasco, en donde mas de una veintena de jóvenes ansiosos de subir a las dunas ya esperaban el momento para partir, provocando la expectación del resto de los automovilistas que se desplazaban sobre la carretera internacional, ya que en algunos de los autos todo terreno se apreciaban sendos banderines con le efigie de la “muerte”.
Fueron momentos de mucha adrenalina, puesto que los autos se desplazaban a gran velocidad sobre los cerros de arena, mientras que otros se quedaban a medio camino, de donde eran auxiliados.
Al caer la tarde el panorama luce diferente, puesto que bien se aprecian las grandes cordilleras con un tono rojizo al mirar que el astro rey poco a poco se desvanecía para dar paso a la entrada a la noche, cosa de mucho privilegio, porque una vez mas somos testigos del trato de la madre naturaleza.
Conforme caían las horas, el grupo de entusiastas conductores se dispusieron a regresarse a la base sobre el trayecto, en donde a unos se les apreciaba la alegría mientras que a otros, aun cuando no lograron la hazaña al sufrir desperfectos en sus autos, celebraban otra de sus conquistas, sin importarles ser remolcados a casa.
Aparte de la adrenalina, el júbilo y la alegría que se vive, estos amantes de los autos todo terreno están prestos para cualquier auxilio a la comunidad, como ya ha quedado demostrado en las pasadas inundaciones en donde jugaron un papel muy importante al participar en las tareas para poner a salvo a algunas familias que fueron víctima de este desastre natural.
Enhorabuena y que sigan estas bonitas experiencias.
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