Aclaran que no sería de peligro para la población
El vulcanólogo Francisco Paz Moreno advierte que las condiciones están dadas para el rejuvenecimiento de algunos de los más de 500 cráteres de El Pinacate- de los cuales 11 son los principales- y aunque es difícil precisar la fecha de ese fenómeno, las actuales generaciones podrían presenciar ese acontecimiento histórico
Por: José Luis Parra / Dossier Politico
El despertar del milenario sueño de la zona volcánica de El Pinacate podría estar gestándose actualmente, ya que las condiciones de la actividad tectónica son similares a las que imperaban en la época de la formación de ese lugar. El espectáculo de ese evento sería como una gran fuente de lava, cuya erupción no sería de peligro para la población.
El vulcanólogo Francisco Paz Moreno advierte que las condiciones están dadas para el rejuvenecimiento de algunos de los más de 500 cráteres de El Pinacate- de los cuales 11 son los principales- y aunque es difícil precisar la fecha de ese fenómeno, las actuales generaciones podrían presenciar ese acontecimiento histórico.
Doctor en geología, con especialidad en rocas volcánicas y considerada la persona que más sabe de volcanes en esta región, Paz Moreno, catedrático en la Universidad de Sonora, recalca que las condiciones son favorables para esta recurrencia en El Pinacate, aunque antes ocurrirían una serie de indicadores que anunciarían el resurgimiento en la actividad volcánica, como sismos, emanaciones de gases y formación de aguas termales en la superficie.
Destaca además que existe actividad volcánica en la zona conocida como Cuenca de Guaymas, en el Golfo de California, localizada entre este puerto sonorense y Santa Rosalía, Baja California.
Además se sabe que en la parte norte del escudo volcánico se localizan varios pozos de agua caliente, de unos 300 metros de profundidad, lo cual se sumaría a una posible participación de la falla de San Andrés, que pasa al oeste de la sierra de El Pinacate.
Por ese motivo, el geólogo estadounidense James Gutman solicitó datos sobre la profundidad de esos pozos, aunque no hizo mayores comentarios al respecto. Gutman es un estudioso de la zona volcánica de El Pinacate y es autor de la primera guía turística geológica del lugar, escrita en inglés.
Empero, para otros expertos el fenómeno del calentamiento de las aguas no tiene ninguna relación con la posibilidad de que vuelvan a tener actividad los principales cráteres de la sierra de El Pinacate, cuya actividad violenta de erupciones se registró hace tres millones de años.
Gran parte de las investigaciones realizadas en torno a esta región han estado a cargo de norteamericanos, que imprimieron un estilo demasiado técnico, que dificulta la interpretación de los hechos registrados a lo largo de la historia de El Pinacate, ubicado a unos 180 kilómetros al sureste de la fronteriza ciudad de San Luis Río Colorado, Sonora.
Aún cuando la actividad violenta en El Pinacate inició hace aproximadamente tres millones de años, su formación actual se efectuó hace unos 100 mil años, junto con el nacimiento del Golfo de California. Antes, hubo una era conocida como prepinacate, que se ubica hace unos 15 millones de años.
Para el vulcanólogo Paz Moreno, las erupciones en los cráteres de esta zona no serían peligrosas y sí en cambio constituirían un espectáculo fabuloso. En ese entorno aparecerían uno o varios volcanes que crecerían de decenas o centenares de metros de altura, con dimensiones similares al Cerro de la Campana, en Hermosillo.
En este momento, resalta Paz Moreno, hay actividad volcánica en el Golfo de California, específicamente en la zona conocida como Cuenca de Guaymas, ubicada entre Guaymas, Sonora y Santa Rosalía, Baja California. Allí sale lava a cuatro mil metros por debajo del nivel del agua, pero para que las erupciones salieran a las superficie, el volcán necesitaría crecer otros cuatro kilómetros. La producción de lava es muy baja, por lo que no se considera de peligro.
Paz Moreno recuerda que probablemente la última erupción de lava en El Pinacate se haya registrado hace unos mil años, pero ello es especulativo, ya que la banda de tiempo va de los mil a los diez mil años.
Asociada al mismo fenómeno tectónico de El Pinacate, aunque no conectadas entre sí, se encuentra la zona volcánica localizada en el punto conocido El Mal País, que se ubica entre Moctezuma, Divisaderos y Tepache, cuya actividad terminó hace unos 500 mil años y que consta de cinco volcanes de 500 metros de diámetro por 200 metros de altura.
Al estar asociados entre sí, las erupciones en la zona volcánica de Moctezuma se registrarían simultáneamente con El Pinacate, geológicamente hablando, ya que la diferencia sería de entre 300 y 400 años. En Geología, ilustra Paz Moreno, la unidad de tiempo es de un millón de años para los fenómenos de larga duración, cuando para la vida cotidiana la medición es de un año.
Las zonas volcánicas de Sonora son las de El Pinacate y Valle de Moctezuma, pero hay otras muy discretas, casi desaparecidas, diseminadas en todo el Estado, entre las que se pueden citar las localizadas en la Sierra Madre Occidental, en las inmediaciones de Hermosillo (Cerro Colorado) y Guaymas ( Tetakawi), mismas que permanecen dormidas, no apagadas, dice Paz Moreno.
El tipo de volcanismo que hay en Sonora es del conocido como fenómeno de distensión, que consiste en un desgarramiento de las placas tectónicas y que tiene su máxima expresión en la falla de San Andrés. En Tanto, el del centro del país, donde sobresale el Popocatépetl, la capa oceánica se está metiendo por debajo de la capa continental, comenta el vulcanólogo.
HISTORIA DE EL PINACATE
Sitio utilizado para los ensayos de la NASA en el proyecto Apolo, por su enorme parecido al suelo lunar y donde han reportado avistamientos del fenómeno Ovni, la Sierra del
Pinacate es llamada por la etnia O´odham El Lugar de los Dioses, donde nació el universo.
La reserva de la Biósfera de la Sierra del Pinacate tiene en total 714 mil hectáreas de zonas volcánicas consideradas aún extintas y cuenta con 96 mil hectáreas de zona núcleo parecida al suelo de la luna.
El área es característica y no existe otra igual en el mundo- salvo una parecida en Hawai- por sus 500 cráteres, 400 cerros o volcanes de moruza, un sin fin de ríos de lava petrificada. Este es el hábitat de cientos de especies animales y vegetales.
El sitio ha sido moldeado por el magma del centro de la tierra, que ha fluído a la superficie en los últimos cuatro millones de años, según geólogos que han estudiado el lugar.
De acuerdo a historiadores regionales, a finales del período mioceno, hace 25 millones de años, la región desértica de El Pinacate era un bosque que fue sepultado por las erupciones volcánicas que allí se presentaron.
El Pinacate, llamado así por el término azteca Pinaacatl, significa escarabajo, un animal que abunda en esa área, llamado precisamente Pinacate. Esta zona tiene una de las más grandes riquezas arqueológicas del noroeste del país.
En 1979, por decreto del entonces presidente José López Portillo, la región quedó bajo el régimen de área protegida, pero fue hasta el 10 de junio de 1993, que el presidente Carlos Salinas de Gortari decretó la Reserva de la Biosfera, junto con el Gran Desierto de Altar.
En el área central están esparcidos unos 400 cerros de moruza – conos- que fueron levantados por erupciones volcánicas desde dos mil y hasta diez mil años atrás, según investigadores sonorenses y norteamericanos, cuyos trabajos fueron recopilados en el documento del Sistema de Areas Naturales Protegidas del Estado de Sonora.
Este tipo de estructuras geológicas son las que más llenan el concepto popular de volcán y están construidas de materiales piroclásticos (fragmentos de roca fundida y reventada) de ceniza y carbonilla, que fueron expulsados con violencia desde el subsuelo y se amontonaron alrededor del orificio, fuente de lava.
Cada cerro tiene entre 60 y 100 metros de altura y tiene forma de cono, sus materiales están semisueltos o sueltos y cuando surgieron, las erupciones tardaron pocos meses en registrarse.
La Sierra de Santa Clara o del Pinacate, una montaña en forma de escudo, es la característica central del área, que alcanza un diámetro de unos 30 kilómetros y una altura máxima de mil 500 metros.
Esta montaña se erigió por erupciones repetidas que debieron empezar cuando menos hace tres o cuatro millones de años. Al contrario de los cerros cónicos de moruza, esta sierra tiene sus laderas extendidas, que se formaron cuando la lava fluyó muy lejos del orificio original.
El nombre de Sierra de Santa Clara le fue otorgada por el padre jesuita de origen italiano Eusebio Francisco Kino, quien en 1701 llegó a la cumbre, dentro de sus viajes de exploración y fue el primero en reconocer el origen volcánico de la zona.
En la parte alta de la montaña existen tres cerros de moruza, mismos que surgieron muchos años después de terminada esta formación.
Además, la lava salió por grietas y fisuras de las laderas de la montaña, llenando los cañones con lava fundida, de tal forma que parece como si se hubiera enfriado y endurecido en fecha reciente.
En tanto, los ríos de lava se formaron cuando ésta fluyó del magma, pero los gases que la expulsaron no tuvieron la suficiente fuerza para romperla en pedazos.
Fue entonces que la roca líquida salió de innumerables volcanes y se extendió por los suelos, donde formó dos tipos de ríos rocosos, cuyos nombres fueron tomados de Hawai: La lava “ pahoehoe” y la lava “ aa”. La “pahoehoe” es suave, acanalada y se observa como nieve de chocolate, mientras que la “aa” son rocas estrujadas, duras, rugosas y filosas. Ambos tipos de lava corren por cientos de metros o kilómetros y tienen varias formas bizarras.
Uno de los tubos o ríos de lava, cercano a la base del pico “Carnegie”, es un sitio sagrado para los integrantes de la tribu Tahono O’odham, como se llaman a sí mismos los Pápagos, indígenas de la familia Pimacora.
El volumen total de la lava basáltica emitida, se estima entre 150 y 180 kilómetros cúbicos. Se han encontrado alrededor de 600 flujos de lava, de los cuales casi el 95 por ciento están formados por tipo “aa” y un cinco por ciento por tipo “pahoehoe”.
En el lugar existen 500 cráteres, entre los que destacan El Elegante (por su perímetro, que forma un círculo casi perfecto), McDougal, Kino, Díaz, Cerro Colorado, Sykes, Celaya, La Luna, Badillo, Lynch y Molina. El más grande es El Elegante, que tiene 250 metros de profundidad y un diámetro de 1, 200 metros.
Por sus características, que asemeja un suelo lunar, la Administración Nacional Espacial y Aeronáutica (NASA) de Estados Unidos, seleccionó en 1967 a esta región para sus experimentos del proyecto Apolo.
Testigos de esos hechos comentan que Neil Armstrong, comandante del Apolo 11 y el primer astronauta que pisó la luna el 29 de julio de 1969, estuvo en El Pinacate. En aquel entonces, un grupo de catedráticos y profesores de San Luis Río Colorado acudieron a esa región para conocer el proyecto estadounidense, pero, dicen, soldados de Estados Unidos impedían el acceso al lugar, con anuencia del gobierno mexicano.
Entre las especies que se encuentran en el lugar están jabalí, berrendo, borrego cimarrón, venado bura, puma, gato montés, especies de zorros y coyotes, palomas, reptiles, insectos, arácnidos y sapos en temporadas de lluvia. En cuanto a las especies vegetales destacan sahuaro gigante, palo fierro, mezquite, palo verde, un arbusto medicinal llamado gobernadora, choyas y nopales.
Los primeros habitantes de la región fueron miembros de la cultura “San Dieguito”, que según Julian Hayden, geólogo de Tucson, Arizona, autoridad científica en El Pinacate, llegaron al lugar hace unos 40 mil años, pero abandonaron el área cuando miles de años después se registró una sequía.
Cientos de lustros posteriores, los sandieguinos, cazadores y recolectores, regresaron a El Pinacate, pero fueron obligados a retirarse por una nueva sequía.
Al final de este período seco, hace unos cinco mil años, un grupo diferente, llamado “Amargosanos”, se movió hacia esa área y desarrolló un estilo de vida y cultura muy semejante a sus predecesores, los sandieguinos. Probablemente, los “Amargosanos”, que vivieron en el área por cuatro mil años, sean los ancestros de las etnias Pima y Tohono O’odham ( pápagos), que actualmente habitan en Sonora y Arizona.
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